Tag Archives: gestión del cambio

EL REDISEÑO DEL APARATO PÚBLICO

El contexto de complejidad y vertiginoso cambio que caracteriza la realidad actual, desafía a todos los gobiernos sin excepción, a nuevas prácticas y formas de organización para dar respuesta a las demandas crecientes de la sociedad. En este escenario, el Estado es un actor central en el proceso de producción de las políticas públicas, pero hoy, como nunca antes en la historia moderna, comparte el escenario con múltiples actores que tienen sus propios proyectos de transformación social.

Los gobiernos son demandados de forma creciente por una ciudadanía que tiene mayor poder de incidencia; basta tener presente el peso que las nuevas tecnologías de la información pusieron en manos de los ciudadanos a través de pequeños dispositivos inteligentes de comunicación, como también la de articular sus demandas a través de las redes sociales.

Gracias a la generación de conocimiento que posibilita Internet, cada vez más el conocimiento distribuido es más potente que el conocimiento individual. En este contexto, ya no se puede entender las políticas públicas como un proceso centrado en el saber experto de unos pocos; en cambio, el intercambio de datos, información y conocimiento entre los actores relevantes en cada ámbito de las políticas públicas, permite construir mejores respuestas a los crecientes desafíos que enfrentan los gobiernos. Este proceso colaborativo solo puede ser entendido en el marco de nuevas formas de liderazgo, superando los liderazgos egocéntricos característicos del siglo XX y dando paso a liderazgos socio-céntricos para potenciar la construcción colectiva.

Frente a estas transformaciones, en un espacio de producción social que se complejiza cada vez más, los gobiernos y la política enfrentan el desafío de rediseñar sus estructuras y prácticas de trabajo que fueron pensadas y diseñadas para épocas pasadas.
En un contexto de sociedad-red, el desafío es pasar de sistemas de información donde sólo la cúpula tiene el mayor grado de información, a un sistema integrado donde todos los componentes tienen acceso a la información y por ello, todos los componentes pueden elaborar respuestas a presiones o cambios del entorno. Sólo con información disponible y relevante, se encuentran las respuestas adecuadas.

La información tradicional (leyes, regulaciones, directivas, instructivos) se caracteriza por la alta despersonalización, el uso de jergas oscuras, ausencia casi de imágenes, gráficas o esquemas, ausencia de mecanismos interactivos de consulta, etc. Los movimientos del “Lenguaje Llano” o Plainlanguage – que plantea producir documentos públicos fácilmente comprensibles por los ciudadanos – han sido continuados por la experiencia en la Web, donde texto, imagen, sonido, video, audio e hiperlinks construyen una base de información multicapas, rica y abierta, que no solo apela a la lógica estructurada sino que llega a niveles de emotividad esenciales para cualquier comunicación humana eficaz.

El nuevo entorno con su complejidad y velocidad define un nuevo sistema de legitimación del juego político, en el cual un proyecto sólo es sustentable en el tiempo en la medida que logre acuerdos más amplios en un juego multiactoral. En el actual contexto, los ciudadanos no son receptores pasivos de los procesos de política, son sujetos de acción. Por ende, el proceso de gestión gubernamental implica reconocer que “allá afuera” hay muchos “otros” que tienen algo para decir.

Los sistemas democráticos se legitiman en las urnas, pero no alcanzan votaciones cada 5 años para sostener la legitimidad democrática. Esto obliga a repensar un modelo de Estado que sea permeable a las opiniones de los ciudadanos y tenga en sus diseños esquemas de transparencia, participación, colaboración y ordenamiento que permitan aprovechar la energía creativa e innovadora de los ciudadanos.

TRANSPARENCIA: ¿Por qué un gobierno transparente y con apertura de datos? Porque un gobierno que distorsiona la información no le puede pedir a la sociedad en los momentos de crisis que le tengan confianza, la confianza se gana en cada acto de gobierno.

PARTICIPACIÓN: ¿Por qué fomentar la participación ciudadana? Porque un gobierno que se encierra en los procesos de toma de decisión, no puede esperar que sus errores sean comprendidos, ni sus aciertos potenciados por los que no fueron invitados a participar en el proceso de producción de las políticas públicas.

COLABORACIÓN: ¿Por qué fomentar la colaboración? Porque un gobierno inteligente aprovecha el conocimiento distribuido en la sociedad para potenciar sus respuestas a los problemas que enfrenta. Un gobierno participativo promueve el derecho de la ciudadanía a colaborar organizada y activamente en la formulación de políticas públicas y facilitar el camino para que las administraciones públicas se beneficien del conocimiento, ideas y experiencia de los ciudadanos. Un gobierno colaborativo compromete e implica a los ciudadanos y demás agentes sociales en el esfuerzo por trabajar conjuntamente para resolver los problemas. Ello supone la cooperación y el trabajo coordinado no sólo con la ciudadanía, sino con las empresas, asociaciones, los gremios, los sindicatos, y permite el esfuerzo conjunto dentro de las propias administraciones, entre ellas y sus funcionarios transversalmente.

ORDENAMIENTO: ¿Por qué es necesario el ordenamiento? Porque sin un orden lógico y secuencial de instrucciones, operaciones y procesos simplificados, abiertos y ordenados, acompañados del perfeccionamiento y profesionalización de la función pública, sería muy difícil dar un salto cualitativo hacia la transformación de la estructura gubernamental.

¿Pueden los gobiernos desatender esta nueva realidad? Creemos que no, bajo el riesgo de quedar anquilosados en la inoperancia, bajo la presión de otros actores sociales. El viejo Estado “burocratista”, con una visión unidireccional, debe dejar paso al nuevo Estado “relacional”, que debe procurar articular la interacción social y en donde los aspectos intangibles como la información y comunicación son centrales para movilizar recursos públicos y privados en pos de enfrentar los problemas sociales. En esta visión, la interacción con múltiples actores es central.

En este sentido entendemos que la actitud más inteligente, es que la política, los políticos y las burocracias estatales tengan capacidad de adaptación a esta nueva realidad. Dependiendo de cuál sea la actitud de la dirigencia política, las TICs y las redes sociales pueden ser causa de su creciente deslegitimización o pueden ser un potente aliado para reconstruir la relación de los políticos y los partidos políticos como eficaces interlocutores sociales.

El desafío del PRD no es solo pensar y escribir mejores políticas públicas a favor de nuestro compromiso con los panameños y panameñas. Debemos ser capaces de gestionar una Administración Pública al servicio de un Panamá inclusivo, educado y capaz de vincularse al mundo de una manera inteligente; necesitamos pensar nuevas reglas de gestión sobre las que operan las administraciones públicas, reglas que hoy están dominadas por las rigideces, por el “burocratismo”, por la ausencia de un espíritu innovador que impiden respuestas eficaces. Debemos encarar las reformas necesarias para la apertura cooperativa con otros actores sociales.

Para ello, me atrevería a proponer cuatro (4) dimensiones para repensar las organizaciones públicas: a) fortalecer los ámbitos de conducción del Proyecto de Gobierno; b) modernizar los sistemas de gestión transversal de la administración estatal; c) incorporar la participación organizada de la ciudadanía como elemento sustantivo de las políticas públicas; d) rediseñar los sistemas de información estatal para actuar en red.

Estas ideas conllevan una nueva mentalidad y un abordaje distinto, para ir más allá de los caminos conocidos, bajo la premisa superadora de un enfoque sistémico y trans-disciplinario, es decir, considerando todas las partes que se interrelacionan, abarcando varias disciplinas de manera transversal, lejos de la vieja idea de la verticalidad departamentalizada a la que estamos acostumbrados.

Benjamín Colamarco Patiño

Panamá, 09 de mayo de 2018

“GOBERNABILIDAD EN UN MUNDO CAMBIANTE”

Por Benjamín Colamarco Patiño

LAS CRISIS NO SON UNA NOVEDAD, SU VIRALIDAD SÍ.

A lo largo de la historia de la humanidad han existido crisis políticas y manifestaciones de descontento de los ciudadanos frente al estado de situación que les toca vivir y que les resulta insatisfactoria; esta situación se traduce en malestar para con sus gobernantes. El motor es el dolor y sufrimiento sobre todo, de los sectores más desprotegidos y vulnerables de nuestras sociedades. Por lo tanto, no es cuestión de soslayarlas, sino entenderlas y abordarlas.

Una primera cuestión a contemplar es que la expresión del descontento social se globalizó del mismo modo que la economía y las finanzas. La visibilidad de estos fenómenos es mucho más alta que antes gracias a las TICs: cada una de las crisis sociales o políticas se ven, se transmiten, se viven en todo el globo en tiempo real. Se “viralizan” a velocidades inéditas. Esto genera un fenómeno de potenciación y propagación de los movimientos sociales a escala global.

NUEVAS DEMANDAS

Vemos que en los países desarrollados que hoy atraviesan etapas complejas del ciclo económico, se multiplican los desencantos. Todo parece indicar que en la fase de crecimiento la mayor parte de la población no se cuestiona la manera desigual en que esas ganancias, fruto del crecimiento, se distribuyen desigualmente. Sin embargo, en momentos de crisis o en la fase recesiva del ciclo económico, los costos también se distribuyen desigualmente, esta vez de manera inversa,  y los más vulnerables pagan los más altos costos. Lo que estamos viviendo con estas manifestaciones es una reacción de descontento frente a esta distribución desigual de los costos de las crisis.

GOBIERNOS EN EQUILIBRIO INESTABLE

Los gobiernos y sus instancias de conducción, tienen la responsabilidad de cumplir con tres objetivos: Sostener un proyecto que asegure la mejor trayectoria posible hacia un destino social que mejore la calidad de vida de los ciudadanos; Asegurar la producción de bienes, servicios y regulaciones que satisfagan las demandas y expectativas actuales de la sociedad y Regular los procesos de interacción con un entorno que condiciona su gestión y la trayectoria. Esta visión “sistémica” para entender la función de gobierno no es nueva, este modelo denominado “sistema viable” es de los años 70´ del profesor Stafford Beer.

Hoy sentimos que algo está funcionando mal, que algo cambió en este proceso de mediar entre un presente problemático y un futuro que deseamos que sea mejor. Ese cambio que algunos consideran un cambio de época, otros una transición, etc., se manifiesta de varias maneras: conectividad, velocidad, intensidad, aceleración, entre otros. Diferentes manifestaciones de una creciente COMPLEJIDAD en el entorno en que los gobiernos deben conducir.

Producto de la evolución del conocimiento humano y el desarrollo de las tecnologías de información aplicadas a la comunicación, que potencian hasta límites insospechados ese conocimiento, los gobiernos se enfrentan a situaciones inéditas. Por un lado los cambios se dan a velocidades que éstos no se encuentran preparados para administrar. Por otro lado, frente a esa debilidad se proponen regular procesos protagonizados por actores con mayores capacidades y conocimientos que los supuestos reguladores… Los gobiernos se encuentran sin respuesta cuando las personas se auto organizan utilizando las redes sociales de acuerdo a sus interpretaciones, demandas y necesidades.

Se trata de un entorno en donde el Futuro se acelera a velocidades impensadas (Facebook vs. radio) y los fenómenos ocurren a velocidades, intensidades y una “viralidad”  inéditas en la historia. Este presente COMPLEJO se confronta con organizaciones estatales diseñadas para un pasado que ya no existe. Las organizaciones estatales se rigen por normas y procedimientos diseñados para un entorno propio del siglo XX, y en América latina en muchos casos del siglo XIX.

Esta situación trae como consecuencia un fuerte desequilibrio en la capacidad de las oficinas de gobierno de conducir y mediar entre futuro, entorno y producción de bienes, servicios y regulaciones.

Como en toda la historia de la humanidad estos desequilibrios producen crisis y las crisis producen dolor y sufrimiento en la gente, sobre todo en los sectores más desprotegidos y vulnerables de nuestras sociedades.

¿QUÉ SE PONE EN CUESTIÓN?

Lo que se pone en cuestión en este contexto, con estas crisis, son dos elementos:

Por un lado, la MENTALIDAD de la Política entendiendo a ésta como actor fundamental de cambio y transformación de lo social. Esto primariamente, demanda un CAMBIO DE ACTITUD de los políticos.

 ACTITUD significa transformar los modos en que pensamos desde el gobierno. Por ejemplo, en relación a la apertura de datos, la pregunta que suele hacerse desde las decisores públicos es: ¿Qué información ponemos a consideración de la sociedad?, en lugar de hacerse la pregunta sobre  ¿Qué información NO ponemos a disposición de la sociedad y por qué? ¿Cómo hacerlo? Aunque suene parecido hay una diferencia profunda, una diferencia en la convicción de que debemos cambiar las formas en que ejercemos la acción de gobernar.

Cambiar de actitud es dejar de pensar que los ciudadanos son sujetos pasivos de las intervenciones públicas, cada día más las personas son sujetos activos del cambio social; los crecientes movimientos sociales lo atestiguan, claro que no se sostienen sobre plataformas políticas estructuradas, pero sí sobre sus propias demandas y la exigencia de que los interlocutores políticos y el gobierno, los atienda seriamente. Por eso cada política pública debe ser atravesada por procesos participativos que la legitimen y por una construcción colaborativa en el diseño de las soluciones, porque hay muchos actores sociales, no solamente el gobierno, con conocimientos sobre los problemas que enfrentamos y las oportunidades que se presentan para superarlos.

Por eso cuando hablamos de Nuevas Formas de gobierno, quiero resaltar la necesidad de un cambio de ACTITUD de la política, de los Partidos políticos y los gobernantes que permita que las nuevas tecnologías acerquen los gobiernos a la gente. Gobiernos basados en plataformas colaborativas potenciarían la capacidad de respuesta para encarar problemas históricos, así como también las emergencias y las crisis de velocidades impensadas hasta el momento.

Por otro lado, se pone en cuestión los DISEÑOS ORGANIZATIVOS DE GOBIERNO. Como mencionaba antes, contamos con diseños del siglo pasado para enfrentar un entorno cambiante y complejo. Nos encontramos con Estados, por ejemplo, que no pueden hacer frente a problemas del orden global (regulación de los flujos financieros), como así tampoco de poder atender con efectividad la especificidad de los problemas a nivel local.

Zygmunt Bauman ilustra muy claramente esto que menciono. Señalaba que: “La crisis actual tiene su principal causa en la disociación entre la escala global de la economía y la escala local de la política”. Parece entonces claro que a escala global la política tiene un desafío en la necesidad de redefinir las formas de regulación del sistema financiero mundial y no se trata de pretender reproducir a escala global los formatos de las instituciones de regulación que funcionaron hasta ahora a nivel local. Esta “disociación” que menciona Bauman, es un ejemplo que se replica en gran cantidad de fenómenos de nuestras sociedad actual.   El fenómeno se repite, nuevos escenarios, nuevas relaciones, nuevas velocidades, y una política con fuertes debilidades en su capacidad de conducir, regular, coordinar, e incidir en estos procesos.

ALGUNAS RESPUESTAS

Finalmente quiero dejarles algunas propuestas de acción, tomando como norte la necesidad de un  cambio de mentalidad en la política  y el cambio en el diseño organizativo de gobierno:

Abrir los datos de gobierno. Para poder acortar los plazos de las compras públicas, para poder desburocratizar los procesos de gestión, debemos trasparentar la información pública y en este sentido está dirigido el primer cambio: los datos de las administraciones públicas deben ser PÚBLICOS. Este cambio es diferente a los impulsos de transparencia de las décadas pasadas, ya no se trata de una actitud ética de los gobiernos, se trata de una necesidad a la hora de gestionar en este nuevo entorno. La transparencia dejó de ser una opción para los gobiernos de América Latina, hoy es una NECESIDAD funcional.

Las “demandas infinitas” que enfrentan los gobiernos en la actualidad, lleva a una creciente ejecución de políticas a través de nuevos actores sociales. Estos nuevos mecanismos o “formas” de gestión pueden transformase en un problema para los gobiernos, si no son acompañados de estrategias inteligentes que permitan “monitorear” la utilización de esos recursos públicos. Una respuesta habitual de la vieja política sería implementar mayor cantidad de controles…

Pero por qué pensar en poner más regulaciones, cuando lo que podemos hacer es simplificar, transparentar y ejercer ese control con la participación y colaboración de la multiplicidad de los actores. Hoy tenemos herramientas que nos permiten hacer luz y poner a disposición información clara y accesible sin que ello signifique agregar más pasos a los procesos. La complejidad demanda SIMPLIFICAR con inteligencia estos procesos.

Pensar a los PARTIDOS POLÍTICOS como plataformas. Metodologías y herramientas colaborativas que permitan la elaboración de plataformas de gobierno, con ciencia, técnica, ideología y método, a través de la colaboración de los actores sociales, en conjunción con expertos y políticos que estructuran programas más precisos y enfocados por problemas.

Implementación de estrategias COLABORATIVAS en la gestión gubernamental. Como señalamos al principio, vivimos una época de cambios inéditos por la velocidad e intensidad de los mismos. Esto trae como consecuencia que no se pueda pensar que el conocimiento esté concentrado en una sola persona, un “burócrata sabio” ni en una  oficina de gobierno. INTERNET es un ejemplo, los intentos de regulación fracasan ante las posibilidades que ofrece esta herramienta para la producción de conocimiento. Los gobiernos no pueden ser ajenos a estas nuevas formas de producción social, debemos sumar el conocimiento colectivo, esforzándonos también en elevar la cultura política para mejorar las respuestas de los gobiernos para la resolución de los problemas. Esto no exime a los gobiernos de sus responsabilidad de conducción, pero si los obliga a repensar las formas de encarar la gestión de gobierno.

CIERRE

No se trata de nuevas palabras para mantener viejas prácticas, se trata de una oportunidad de dotar a los Partidos Políticos y al gobierno, de capacidades para enfrentar un nuevo entorno.  Pero poner en marcha intervenciones de política pública bajo estos ejes, demanda un fuerte cambio de ACTITUD.