ideología

“UNA SITUACIÓN GLOBAL EN EVOLUCIÓN”

Por Benjamín Colamarco Patiño

Durante los últimos siete años, Panamá y América Latina han estado atravesando por procesos que van marcando cambios en las relaciones y correlaciones socio-políticas, culturales y económicas, que se expresan multidimensionalmente. Ha habido crecimiento económico, pero hay inequidad, corrupción, autoritarismo, discriminación, prejuicios, etc., y esto no puede corregirse con las viejas ideas y menos con los métodos habituales del siglo pasado. Lo que estamos viendo es el reflejo aumentado de las manifestaciones de descontento de los ciudadanos frente al estado de situación que les toca vivir y que les resulta insatisfactorio.

La aguda crisis sistémica en que nos encontramos, también pone en entredicho la Democracia y su capacidad de ajuste y arreglo en relación a los factores internos que presionan desde la diversidad de intereses y expectativas. Pero hay una nueva dinámica y protagonistas en esta relación, los movimientos sociales no son estructuras burocráticas, sino coaliciones informales de múltiples grupos, organizaciones y sectores de la población, lo que ha producido una nueva estratificación y en consecuencia, una micro-segmentación de sus expectativas.

En América Latina y Panamá no escapa a ello, en estos últimos años, no hay una sola semana en que no aparezcan denuncias de todo tipo, crispaciones, abusos e indolencias, a lo que no es ajeno el aumento en el costo de la vida, el desbordamiento de la inseguridad; la crisis en la atención de salud y en la educación, la disminución de las capacidades productivas. Esta situación se ha traducido en malestar para con sus gobernantes y protestas. “Queremos menos despilfarro, cuando aún hay un gran déficit de viviendas y hay limitaciones para el acceso al agua potable”, decía un manifestante en la calle en Brasil hace pocas semanas.

El motor es el dolor y sufrimiento sobre todo, de los sectores más desprotegidos y vulnerables de la sociedad, pero también de una amplia clase media, que asume su fortaleza como factor sociopolítico determinante y que tiene conciencia de los riesgos que el enfriamiento de la economía, la corrupción y el alto endeudamiento implican para nuestros países.

Pero también debemos hacer otras consideraciones, los cambios tecnológicos, el aumento de la esperanza de vida, la velocidad e intensidad de los cambios, impactan en segmentos de la sociedad que viven con aprensión estos cambios que pueden afectar sus actuales estándares de vida; por ejemplo: el creciente temor a la pérdida de empleo por la globalización y automatización de los trabajos. Como sociedad sabemos que la globalización trajo aparejado mejoras en los niveles de vida en el mundo, pero hay segmentos, grupos que se sienten discriminados y afectados por esta situación.

Al parecer en momentos de crecimiento la mayor parte de la población no se cuestiona tanto la manera desigual en que esas ganancias fruto del crecimiento se distribuyen desigualmente. Sin embargo, en momentos de crisis los costos también se distribuyen desigualmente, esta vez de manera inversa, y los más vulnerables (trabajadores informales, obreros, profesionales de capas medias), pagan los más altos costos. Lo que estamos viviendo con estas manifestaciones es una reacción de descontento frente a esta distribución desigual de los costos.

Los desequilibrios producen crisis y las crisis producen frustración, dolor y sufrimiento en la gente. Desde la inmolación del trabajador informal en Túnez en noviembre del año 2011, estamos asistiendo a otro punto de inflexión en el devenir histórico de la humanidad, podríamos hablar de un cambio de época, en el contexto de una situación global en evolución, con nuevos espacios virtuales que ponen a la plaza en el ciber espacio global en tiempo real, con una viralidad inusitada; que transparenta todo a toda hora y así, las personas se auto organizan utilizando las redes sociales de acuerdo a sus demandas, preocupaciones y necesidades.

Cada día más, las personas son sujetos activos del cambio social, los crecientes movimientos sociales lo atestiguan. Hay razones compartidas para la protesta: despilfarro, exclusión social, desigualdad.

Todos luchan por servicios públicos eficientes; por un sistema de transporte que funcione; una escuela que además de acogerles les enseñe con calidad; una universidad moderna, viva, que les prepare para el trabajo futuro y el emprendimiento. Quieren viviendas dignas, empleos adecuadamente remunerados y un sistema de salud eficiente, que los prevenga de las enfermedades, donde sean tratados como personas, y también quieren que no haya mortalidad infantil.

Puedo conceptuar que a la luz de este análisis, existe un denominador común, un propósito de acción: construir caminos en pos de la JUSTICIA SOCIAL.

En fin, se exige a los Gobiernos más transparencia, más responsabilidad y menos megalomanía.

Como diría el pensador Carlos Matus: “cuando los médicos no aciertan aparecen los brujos, y en política pasa lo mismo, cuando los políticos no saben interpretar las demandas de sus pueblos y los desafíos del momento, entonces aparecen los charlatanes, los populistas y los pretendidos mesías”. Esta situación demanda un profundo llamado de atención a los Políticos y al sistema político.

*El autor es Doctor en Economía, ex Ministro de Estado y ex Vice-Presidente del PRD.

Panamá, 13 de febrero de 2018

CONGRESO PRD

“COORDINADORA NACIONAL PRO RESCATE TORRIJISTA DEL PRD”
INTERPRETACIÓN CONSTRUCTIVA AMPLIADA DE LA

DECLARACION
DEL X CONGRESO DEL PRD

“RECOGER NUESTRAS BANDERAS HISTORICAS CON LA FUERZA DE LAS IDEAS”

Tras la realización del X Congreso Nacional del Partido Revolucionario Democrático, y luego de un profundo análisis, la Coordinadora Nacional Pro Rescate Torrijista del PRD, hace propios los siguientes lineamientos políticos:

Panamá debe recuperar el rumbo, ajustar la brújula y emprender la marcha en la dirección correcta, luego del quinquenio desenfrenado que implicó el secuestro del país por el régimen corrupto y autocrático de Ricardo Martinelli y su malintencionada pretensión de seguir manipulando la realidad a favor de sus mezquinos intereses.

El “modus operandi” de Martinelli, sus aliados y socios, fue nefasto para los intereses nacionales. Los niveles de corrupción, desgreño y endeudamiento, han socavado los cimientos de la democracia, destruyendo la institucionalidad, poniendo en entredicho la seguridad jurídica del país.

Los hechos acontecidos durante los últimos siete años, han centrado la atención ciudadana en las malas prácticas, en actos de corrupción y en el desorden del sistema jurídico y político.

Condenamos firmemente esas malas prácticas y estamos comprometidos para elevar los estándares éticos, levantando muros que separen al dinero sucio, de la política.

La corrupción habida, es el resultado de un estilo de hacer política desgajado de las bases de la sociedad.

En consecuencia, respaldamos la acción de la justicia en los casos que se investigan.

Lo más importante a futuro es disminuir la influencia del dinero sobre la política, tanto en sus formas legales como informales. Solo disminuyendo esta influencia será posible recuperar la autonomía de la política y la confianza de la ciudadanía en las instituciones y en sus representantes.

La CNRT/PRD recuerda que en el año 2009, el cambio en la composición de las alianzas y la fuga del Partido Panameñista y del MOLIRENA, hacia la demagogia exacerbada por Martinelli y su propaganda, fueron el trampolín que necesitó el CD, para alcanzar el poder público, por el poder mismo.

Hoy, la Administración Varela, sigue sin generar opciones transformadoras para una sociedad huérfana de motivaciones. El “burocratismo”, la falta de visión estratégica, la inexperiencia política, la improvisación, la autocomplacencia, la ausencia de liderazgo y un equipo de gobierno que actúa de manera departamentalizada, han producido: la ralentización económica, la degradación de los servicios públicos, el desbordamiento de la inseguridad ciudadana, el alto costo de la vida, el aumento del desempleo y de la pobreza, la ineficiencia en las prestaciones de los servicios de salud y saneamiento, la falta de agua potable, el continuado abandono del sector agropecuario y la disminución de las capacidades productivas, todo esto, con el agravante de un sistema educativo anclado en el siglo pasado, incapaz de producir los cambios cualitativos y de competencias en el recurso humano, que necesitamos para dar un salto de calidad hacia adelante.

Pero, no basta con criticar las debilidades políticas, comunicacionales y de gestión del actual gobierno.

Los Torrijistas debemos concentrarnos en recuperar el rol de generador de nuevas ideas, de incidencia en la opinión pública, de orientador y educador, para lo cual es esencial volcar la acción partidaria hacia los diferentes frentes políticos y sociales. En este sentido, es crucial que el Partido, a partir del X Congreso, retome e incentive mayores espacios de reflexión intelectual y de formación política; inicie a la brevedad la organización de las estructuras de trabajo comunitario y utilice al máximo las redes sociales.

La batalla política no se da sólo en las campañas electorales y en la Asamblea Nacional, sino en el devenir diario de la ciudadanía, afectada por los abusos, la desprotección de sus derechos, la sensación de inseguridad, la atomización de sus organizaciones, etc.

Junto al desarrollo de las campañas electorales, el Partido Revolucionario Democrático debe recuperar su vanguardia en el debate de las ideas y en la disputa por la “hegemonía cultural”. Y también, por ello es fundamental, estimular la organización y movilización ciudadana, en torno a sus derechos económicos, políticos y sociales.

Frente a la crisis de credibilidad en el sistema de partidos, el PRD debe tener una sola respuesta: el fortalecimiento de la institucionalidad. La clave radica en la elevación de la fuerza ética y moral del partido, su capacidad de actuar con celeridad en las diferentes coyunturas y de recuperar su capacidad de influencia en la sociedad.

Para la renovación de la acción política Torrijista, es esencial volver a poner en el centro del análisis político, no sólo la coyuntura política nacional sino también la práctica de construcción de liderazgos; la motivación de la organización de la ciudadanía, en la articulación de sus demandas y en el fortalecimiento de los movimientos sociales. Debemos ser capaces de combinar esta relación con nuestra vocación de poder y de hacer gobierno.

La CNRT reafirma que el PRD es una fuerza política, democrática, revolucionaria, vigente y decisiva en la vida nacional, que no se amedrentará, ni cejará en su empeño transformador.

La Coordinadora conceptúa que debemos izar las banderas de la dignidad y las esperanzas ciertas para enrumbar nuevamente al país. La esperanza crítica es la que renace de las duras lecciones aprendidas del fracaso y los errores, esperanza capaz de inventar nuevas motivaciones para militar y luchar, que se hace patente en nuevas actitudes frente a la realidad política y con una agenda programática enriquecida que la completa.

El PRD fue en primer lugar un movimiento nacido en medio de los marginados y de la lucha por la liberación nacional: por un nuevo Panamá, de inclusión, de justicia social, de soberanía, de desarrollo social con redistribución de rentas, de oportunidades para todos. Como movimiento poseía las características de todo carisma: galvanizar a la gente y hacer que tuvieran el sueño de la Patria libre y soberana. Al avanzar en el Proceso, se volvió inevitablemente una organización partidaria.

Nuestras banderas son un sueño-esperanza de que otro Panamá es posible, un país con un proyecto de nación abierto a la fase planetaria de la humanidad, cuyos gobiernos pudiesen, con la participación de los profesionales, de los trabajadores, los campesinos, los productores, las mujeres, los jóvenes, los adultos de experiencia, realizar la utopía mínima: que todos puedan comer tres veces al día, ser atendidos por un médico cuando lo necesiten, enviar a sus hijos a la escuela, tener empleo y con el salario garantizar una vida mínimamente digna y, cuando se jubilen, puedan enfrentar con desahogo los achaques de la edad y puedan despedirse, agradecidos, de este mundo.

Los portadores de este sueño-esperanza son las grandes mayorías. Las oligarquías que se disputaron el poder público en sucesión continua hasta el 11 de octubre de 1968, organizaron siempre el Estado y las políticas en función de sus intereses, dejando al pueblo al margen. Durante los últimos siete años, hemos visto desarrollarse una involución sustancialmente oligárquica, una especie de regresión a los viejos métodos de antes del Proceso Revolucionario.

Pero el pueblo panameño, a pesar de las contradicciones, nunca ha perdido su autoestima, su capacidad de resiliencia, de soñar y de alimentar una visión distinta y mejor del mundo. Consiguió organizarse y fue fundamental en la creación del PRD como partido nacional.

Esa utopía alimentó el PRD histórico y ético. Esta bandera debe ser retomada, pues ella es la que puede relanzarlo, confiando más en la dedicación que en la ambición, más en la militancia que en el maquillaje de los expertos en marketing.

Esta bandera fue la bandera que entusiasmó a las masas, tuvo una función civilizatoria al hacer que el pueblo descubriese las causas de su dependencia; se politizase y se sintiese participante de un proyecto de reinvención de Panamá, sin colonialismo, en el cual fuese menos difícil ser gente.

Somos una organización fundada sobre principios y el PRD es de todos sus integrantes; por ello, sus estructuras obedecen al ideario y a los programas Torrijistas, a su doctrina Socialdemócrata y no pueden ser objeto de manipulación o para alimentar en las filas partidarias el arribismo y el oportunismo, en esencia deshonestos.

La leal militancia y activismo honrado de todo miembro del Partido, constituye un compromiso ético-moral y político, de identificación y práctica permanente con los principios del Torrijismo:

• Debemos hacernos cargo de la desconfianza ciudadana, corregir nuestras faltas y saber combinar las reformas estructurales en educación, en el sistema de Justicia y una novedosa reforma política; además de acordar una agenda de probidad; fortaleciendo la agenda social; promoviendo medidas reactivadoras en el sector agropecuario e industrial, generando mayor valor agregado en todos los sectores económicos; y un nuevo trato entre Partido y sociedad, para mejorar la acción en la dirección del bien común.

• Los Torrijistas, identificados con las preocupaciones de la sociedad, denunciamos la creciente falta de seguridad ciudadana. Conminamos al Gobierno para que responsablemente, asuma la tarea de articular un sistema adecuado de prevención y control del delito, el cual debe surgir como producto de un minucioso y amplio estudio de la situación en sus diferentes ámbitos, vinculando a la comunidad en este proceso.

• El sector agropecuario especialmente durante los últimos siete años, ha enfrentado la peor embestida de su historia, al favorecerse a los importadores de alimentos, arrinconando a los productores nacionales, que están prácticamente en el abandono.

• Atender las necesidades del campo, así como mejorar los niveles de vida de la población campesina, modernizando y fortaleciendo la producción, con eficacia y eficiencia, contando con el soporte técnico y la estructuración de una “agenda complementaria”, que acompañe el proceso de sostenibilidad y competitividad del sector, entendiendo su carácter estratégico, debe ser motivo de debate en la sociedad.

• En salud, reaparecieron epidemias, desapareció la prevención y emergieron hospitales sin dar servicios a la población y otros sin construir que son un negocio a costa de la salud pública. Necesitamos una profunda reforma a la salud, que evite las largas esperas en las urgencias y los meses por un especialista, a veces años por una cirugía. Un sistema que asegure igual acceso a todas las personas, enfrentando los abusos y la desigualdad, y una estructura de medicina comunitaria para la prevención, bien coordinada con los Comités de Salud. El Gobierno no puede dar más largas a la necesidad de una discusión seria sobre el programa de IVM de la Caja de Seguro Social, para preservar las pensiones en condiciones de transición demográfica.

• Los ciudadanos debemos garantizar la sostenibilidad del medio ambiente: La sostenibilidad ambiental es indisociable y va correlacionada con el desarrollo sostenible. Responder a las necesidades humanas presentes, sin destruir la capacidad del medio ambiente para atender estas necesidades en el largo plazo, debe ser uno de nuestros objetivos.

Así, la CNRT, considera que la nación debe sustentarse en la equidad y el desarrollo humano, mejorando la calidad de vida de todos los panameños, para lograr una nación física y moralmente saludable, con base en el principio de que el más valioso recurso del país son los panameños y las panameñas, quienes asimismo han de ser los mayores protagonistas y beneficiarios del desarrollo nacional, tal como lo expresa nuestra Declaración de Principios.

Como señaló Omar Torrijos: “Mientras haya desigualdades sociales no podemos considerarnos un país moderno”. Panamá, por sus especiales condiciones geográficas, tiene que poseer una economía funcional a favor de todos los panameños y panameñas, de allí el convencimiento de que sin crecimiento económico es imposible impulsar el progreso social.

Estamos ante un nuevo ciclo en la historia de la nación panameña, en donde lo social debe ocupar el centro privilegiado de un proyecto de poder político, económico, cultural y moral, que nos habilite para construir una economía nacional, social, democrática, justa y plena de oportunidades para todos los ciudadanos, en igualdad de condiciones.

El crecimiento económico fin a sí mismo, entraña riesgos de exclusión y polarización social, y de injusticias nocivas para la consolidación de la democracia. Por ello hay que asegurar todos los aspectos relativos a la calidad de vida de la población, la ampliación de sus capacidades, la participación e inclusión, que son cruciales para construir una sociedad equitativa y justa, en el marco de la institucionalidad democrática, en una sociedad próspera.

La viabilidad, sostenibilidad y legitimidad de la democracia -como forma de organización política— demanda de un modelo de economía de mercado y de sociedad, centrados en una ética de responsabilidad social y ambiental, una remuneración del riesgo empresarial y del esfuerzo laboral orientada a la maximización del beneficio recíproco de los factores de la producción, del colectivo social y entre ellos, de los menos aventajados.

Asimismo, consideramos que el PRD debe desarrollar un esfuerzo consciente, de adaptación y flexibilidad para dotar al país de una nueva cultura política, y en virtud de la renovación de sus métodos y prácticas, el PRD tiene que ser identificado en forma nítida, como el instrumento político más idóneo de la sociedad para sus transformaciones.

Reafirmamos que en el programa del PRD hay temas esenciales que inciden en la vida de la gente y sus aspiraciones. En las circunstancias actuales, queremos enfatizar en dos aspectos imprescindibles e íntimamente vinculados: la lucha contra la pobreza y la desigualdad, y la necesaria transformación de la educación.

Los panameños y panameñas somos capaces de producir la suficiente riqueza para vencer la pobreza y los males sociales que perturban a nuestra sociedad, sin amos ni tiranos.

La pobreza es injusta, impide el diseño de cualquier estrategia de desarrollo integral. Los panameños pobres no están en condiciones de aprovechar las oportunidades de empleo debido a su escasa e inapropiada educación y a su mala salud, en especial las mujeres y los niños y niñas. La pobreza lesiona la capacidad del país para preparar y proteger los recursos humanos indispensables para el desarrollo económico y la planificación del futuro.

Hoy, el sentido del combate contra la pobreza es crucial, porque el Canal ya es panameño, y por decisión popular, en el año 2006, durante un Gobierno PRD, decidimos, de manera soberana, ampliarlo. Las luchas de tantos héroes y mártires fue por la conquista de un Canal para el desarrollo, en consecuencia, no puede haber miseria en un país con tantas potencialidades y posibilidades.

Tenemos que luchar a brazo partido, para hacer realidad el mandato Torrijista de asegurarle al pueblo panameño, el uso más colectivo posible de los recursos de la vía interoceánica.

Y en lo concerniente a la educación, afirmamos que constituye la principal herramienta y el eje infalible de atención social; es el factor indispensable para cumplir con las metas de crecimiento económico con desarrollo humano. Es el instrumento que mejor desarrolla las potencialidades individuales y colectivas; contribuye a formar el recurso humano para la solidaridad social, la productividad, el empleo bien remunerado y la competitividad. Viabiliza el progreso científico y la innovación tecnológica, contribuye a impulsar el desarrollo, a reducir la pobreza y la desigualdad social.

Como Torrijistas, debemos concebir la educación como un derecho social y no como un bien de consumo.

Para el período 2019 – 2024, es necesario concretar la calidad de la educación, con cobertura plena y una eficiente gestión educativa profesional. En síntesis: hay que hacer la revolución educativa desde las mismas bases de la sociedad y de las instituciones formadoras de educadores. Debemos hacer las cosas de manera distinta. Es un compromiso ideológico educar para transformar, educar para crear voluntades, educar para liberar, educar para la apertura de oportunidades y promover la movilidad social positiva.

Los temas que se han abordado en la Coordinadora, constituyen un esfuerzo colectivo por instalar un espacio para la reflexión de los y las militantes. En tal sentido, aunque son amplios y plantean un conjunto de desafíos, nos parece que son ineludibles para pensar la política del siglo XXI y el rol de nuestro partido.

De cada uno de los aspectos abordados se derivan un conjunto de tareas que resumimos a continuación:

1. Urge una reflexión sobre las características de la política y su relación con la sociedad, y el modo en que se construye la democracia panameña del Siglo XXI. Solo desde esta reflexión será posible comprender el real sentido de la desconfianza ciudadana, de la desvalorización de lo político en todos los aspectos, de la crítica permanente a las reformas una vez que ellas comienzan a construirse, de la exigencia de transparencia de los actos políticos.

2. El Partido debe modificar su práctica y volcar su fuerza a construir relaciones de nuevo tipo con la sociedad. Los Torrijistas tenemos dos tareas esenciales para dar vida a una práctica política con participación popular sustantiva.

Por una parte, los Torrijistas deberemos escuchar, conversar, analizar y aprender de las voces populares lo que ellas dicen; conocer y comprender su mirada desde la desconfianza que sienten por la “politiquería” (micro-política), desde la exigencia de control del poder sin querer ejercerlo, de transparentarlo absolutamente y demandar de sus gobernantes, eficacia, rendición de cuentas y humildad.

Por otra parte, deberemos explicar que para avanzar en la construcción democrática hace falta tener una perspectiva, un lugar al que querer dirigirse y un camino para hacerlo.

Profundizar y revisar por lo tanto, las políticas contenidas en el Programa del Partido aprobado en el año 2001, especialmente las que haya que actualizar y recoger las opiniones en torno a ellas; explicar y preguntar otros aspectos que no han sido considerados; pero también incorporar las nuevas propuestas del Partido para los años posteriores, entre otros temas centrales, es fundamental.

Para acometer esta tarea, el Torrijismo requiere de un esfuerzo movilizador y de formación por parte de los militantes del Partido, y para ello son útiles todas las instancias políticas como son las Asambleas Territoriales del Partido, los Frentes Sectoriales de Masas, las Comisiones Especiales, adicionalmente a las instancias de diálogo político que puedan establecerse en el territorio con las organizaciones sociales y comunitarias.

Dicho de otro modo, sentar las bases de un modelo de Estado Social Democrático de Derecho, es el camino para cambiar o mejorar aquellas cosas que nos impiden construir una sociedad más justa, más libre, más fraterna, a condición de estar unidos en ese empeño.

La política del Partido deberá reflejar los acuerdos construidos en este esfuerzo común, lo que implica mejorar su funcionalidad operativa, el modo de gestión, la delegación de tareas y las comunicaciones entre las diferentes estructuras de dirección, desde las de Trabajo Comunitario, las de Corregimiento, las de Distrito, las de Área de Organización, y su coordinación práctica con el Comité Ejecutivo Nacional, el Secretariado Nacional; los Frentes Sectoriales; la Comisión Política; el Directorio Nacional; las Comisiones Especiales, etc.

Para abrir paso a la discusión estratégica que enriquezca el proyecto de país que queremos construir, el programa actualizado para lograrlo y la capacidad de gobernar sin improvisaciones, es preciso hacer énfasis en la formación y entrenamiento de cuadros en las ciencias y métodos de gobierno, sustentada en una teoría para la acción, así como una identidad consciente del ser panameño y un análisis crítico de lo que ha sido y es el país.

Factor fundamental en este esfuerzo, es todo lo relacionado con la modernización, masificación y utilización de las nuevas tecnologías en la “Escuela de Formación Política y Gobierno Ascanio Villaláz”, haciendo uso de las plataformas colaborativas y de gestión de toda la organización en el universo de internet.

El PRD, desde esta perspectiva política, debe expresar cabalmente a todos los miembros del partido, a sus simpatizantes y amigos, a la juventud panameña, a las mujeres, a las etnias nacionales; empresarios, trabajadores, profesionales y a todo el pueblo, el compromiso de lograr los objetivos estratégicos de la nación panameña: la Patria con equidad, justicia social, oportunidades, progreso, bienestar y desarrollo, en forma consistente con la visión y los lineamientos programáticos del partido y lo que el país reclama y merece.

El acceso al poder público es una herramienta para contribuir al logro de una sociedad de oportunidades, corrigiendo las asimetrías sociales y consolidando un solo Panamá, integrado económica y socialmente.

El mensaje del PRD a la sociedad tiene que ser claro, directo y único: una sola estructura, amplia y unitaria. Una sola meta: profundizar el programa de transformaciones nacionales y llevar a Panamá a su desarrollo pleno.

Por ello, reiteramos que todo Torrijista tiene el compromiso de despejar todo obstáculo que impida la unidad que se sustenta en los objetivos comunes y en nuestra Declaración de Principios, a fin de que reinauguremos los métodos del debate franco, tengamos disciplina y respeto a las ideas y propuestas entre los copartidarios.

Invitamos a todos los copartidarios (as) a que estudiemos y ajustemos nuestros actos, al estricto acatamiento de nuestros Documentos Fundamentales, que son la base de orientación para la adaptación de nuestras políticas, a la nueva realidad objetiva que nos plantea el siglo XXI.

Declaramos el apoyo de todas las organizaciones y corrientes que integran la CNRT, a la gestión que tiene que realizar la nueva dirección superior del Partido, durante los próximos tres años, convencidos de que fortalecerá la organización interna y articulará las relaciones y funcionalidad de los organismos y estructuras partidarias, a la vez que los instamos a que sus acciones, planes y orientaciones, sean compartidas, debatidas y conocidas ampliamente, con fraternidad y compañerismo, propios del Torrijismo. A este respecto, nos mantendremos alertas y vigilantes.

Y, finalmente, hacemos llegar a la conciencia nacional, patriótica y honesta, a todos los ciudadanos y ciudadanas de Panamá, que el PRD debe ejercer su rol de oposición democrática con firmeza, y que cuando, por expresa voluntad popular, nos toque el ejercicio del poder público, lo haremos con estricto apego a la Constitución y las leyes, ampliando la participación de los sectores sociales y las comunidades, organizadamente, en las decisiones que los afectan.

El legado de Omar Torrijos vive y no es sectariamente exclusivo del PRD. Es una visión compartida, un ideario con raíces profundas y consecuentes con las aspiraciones de vida digna del pueblo, una práctica política y un compromiso de acción por la edificación de la nación, que está vigente para asumir con éxito los retos y desafíos del Panamá de hoy y del futuro.

A seguir construyendo la Patria de todos, a seguir luchando para derrotar la desigualdad, con la convicción y fortaleza de nuestras luchas históricas, con la frente en alto y nuestras banderas al viento.

COORDINADORA NACIONAL PRO RESCATE TORRIJISTA DEL PRD
Panamá, 14 de noviembre de 2016

Una Nueva Hegemonía Cultural para un Orden Nuevo

*Por Benjamín Colamarco Patiño

No se puede transformar la sociedad en la dirección del bienestar general y el desarrollo humano integral, participativo, incluyente y sostenible,  sin organización, sin Partidos de ideas, sin una plataforma política que sostenga cambios en los paradigmas y recuperación de valores culturales relacionados con los hechos y modelos que expresan una concepción humanista de la colectividad.

Del análisis crítico que hagamos del tipo de sociedad en que vivimos, se infiere cierta desestructuración, como reflejo de una baja cultura, o en el mejor de los casos, una asimetría cultural entre distintos estratos que amplía las diferencias y, en consecuencia, se restringen las oportunidades y la capacidad de cohesión social y la conciencia del ser panameño, de la necesidad de superación colectiva con una velocidad de marcha hacia el bienestar general, más uniforme, más equilibrada.

Incluso podemos señalar la hegemonía de determinado modelo, de una minoría privilegiada, que excluye del sistema a los estratos más débiles o de condiciones socio-económicas muy precarias, que merced determinados condicionamientos exógenos, promueven anti-valores y prácticas contrarias al sentido de una necesaria transformación cualitativa.

Cuando hablamos de cultura, podemos referirnos al grado de conocimientos y al perfeccionamiento de la conducta que posee una persona, adquiridos mediante un proceso educativo que busca la plena realización de las capacidades humanas (tradición clásica).

Empero, en el caso que quiero plantear, acudo a la definición de E. B. Tylor, abro cita: “La cultura en sentido etnográfico amplio, es todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos o capacidades adquiridas por el hombre en cuanto miembro de la sociedad”, cierro cita.

El pensador y político italiano Antonio Gramsci, teorizó sobre el concepto de “hegemonía cultural”, proponiendo una reforma intelectual y moral, revisando desde una concepción dialéctica, la dirección político-cultural de su tiempo, una “reforma que hubiera modificado profundamente las costumbres y creado una nueva relación entre cultura y sociedad”.

A partir de la propuesta conceptual que intento presentar en este escrito, la sociedad panameña, para lograr dar un salto cualitativo, desde un sistema de ideas, de valores, de ideales o pensamientos, que nos permita un profundo cambio cultural, debe identificar y producir una conducta colectiva, alineada con objetivos superiores, con un lenguaje común, que exprese de manera clara tal modelo de referencia de una nueva hegemonía cultural, identificada por todos en el colectivo nacional, que rompa viejos modelos o estereotipos, envuelto en su propio paradigma, para modelar su propio camino, para abrirse campo en medio de las contradicciones, reflujos y prácticas contrarias al arquetipo identificado para moldear la visión para la instalación de esa nueva hegemonía cultural.

Claro está que esto presupone un pensamiento crítico, que cuestiona los actuales modelos prevalecientes y las viejas hegemonías, sobre la base de una filosofía que debe hacer progresar la doctrina y la práctica política, desde la intervención de la realidad, para la transformación de la estructura de la cual proviene un cambio en el modo de pensar de la conciencia, en el sentido del desarrollo para el bien común. Un  cambio cultural, que es también un cambio en los hábitos y la construcción de un nuevo código de conducta, más socio-céntrico, abierto, colaborativo, solidario y humanista.

Una  nueva hegemonía cultural que transforma la sociedad, también el modo de pensar, de construir acuerdos amplios y de planificar.

Los cambios en las leyes, “per se”, no resuelven los problemas prácticos de la gente, solo la transformación cultural, actitudinal, en el conjunto social, puede aplicar en la acción transformadora.

Es de una nueva hegemonía cultural de la que debe derivarse de manera coherente, todo un proceso de reformas para un orden nuevo, en la educación, en la economía, la ciencia, la política, el deporte, en la producción y el intercambio, en la ecología, en lo social, en fin, en el ser social panameño mismo, en su esencia y modo de pensar y actuar, poniendo al frente la cultura, que precede nuevos métodos de conocimiento.

La hegemonía cultural no es la que impone un minúsculo grupo determinado como modelo de referencia a seguir, ni los estereotipos de los medios de comunicación, sino la que dirige a las grandes mayorías nacionales hacia el orden nuevo, hacia una mejor sociedad: materialmente más equitativa, socialmente más justa, ambientalmente más sostenible y políticamente más democrática.

Se trata en suma de una nueva guía; la HEGEMONÍA CULTURAL como nivelador social, como conjunto de valores fundamentales que precede y moldea en primer lugar, la mente de las personas, el yo interior, y direcciona su actuar desde un nuevo paradigma social, alcanzando el ideal superior de la cultura en el sentido más amplio e incluyente de la palabra.

*Economista,  Ex Ministro de Estado y Ex Vicepresidente del PRD.