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“La Segunda Internacional y el 1 de mayo”

Durante los debates de la Segunda Internacional, celebrada en París en julio de 1889, los Socialdemócratas, Socialistas y Laboristas, unidos en procura de objetivos comunes, a partir de la tesis de que la cuestión social era absolutamente inseparable de la política, y su solución estaba determinada y solamente sería posible en un Estado Democrático, en que la libertad política y la lucha por las reivindicaciones de los trabajadores eran condiciones básicas para lograr avance y mejoramiento social, dadas las paupérrimas circunstancias de esa época, analizaron la situación por la que atravesaba la clase obrera y los antecedentes de huelgas de trabajadores en varios países.

Luego de profundas deliberaciones, aprobaron declarar el 1 de mayo como “día internacional de los Trabajadores en el Mundo”, en homenaje a los Mártires Trabajadores de Chicago y la lucha emprendida para lograr mejores condiciones en el trabajo y jornadas laborales de 8 horas.

Los Perredeistas en Panamá, miembros de la Internacional desde 1980, deberíamos ser consecuentes herederos de nuestros antecesores ideológicos miembros de la Segunda Internacional, socialistas reformistas y moderados, capaces de construir plataformas políticas amplias, conscientes de que la dialéctica expande horizontes y de que nuestro enfoque hoy debe partir del objetivo básico de crear un ambiente que, mejorando las potencialidades y capacidades de la producción en los sectores: agrícola, agro-industrial; industrial; del cooperativismo; de los servicios; del comercio; del transporte, etc.,  se instaure también una estructura propicia para que los seres humanos disfruten de una vida prolongada, saludable, digna, productiva, creativa, recreativa, elevando a la vez los niveles culturales, ampliando las oportunidades para las personas, quienes así mismo han de ser los mayores protagonistas y beneficiarios del desarrollo.

1 de mayo de 2016

Benjamín Colamarco Patiño

La Democracia Social

Desde la caída del Muro de Berlín y el advenimiento y desarrollo de la globalización, el mundo es radicalmente diferente al que tuvimos hasta 1989. Las referencias de entonces, los viejos modelos y esquemas de acción y los alineamientos de la época, quedaron atrás, podemos decir que hubo un parte aguas de la historia.  El mundo cambió, y también las correlaciones de fuerza en la GEO -política mundial.  Sin embargo, esos cambios, trajeron consigo sus propias contradicciones, tensiones, prejuicios e iniquidades.

Hoy, estamos asistiendo a otro punto de inflexión en el devenir histórico de la humanidad.  Desde HATO CHAMÌ, hasta BAHRÉIN, los pueblos están luchando por LIBERTAD; AUTODETERMINACIÓN; DIGNIDAD Y DEMOCRACIA. Propugnan desde sus respectivas realidades nacionales, por verdaderos cambios democratizadores.

Hay razones compartidas para la protesta: corrupción; autoritarismo; exclusión social y pobreza.

El origen de la protesta, procede de la realidad socio-política de cada país, pero sistémicamente se da en el contexto de una situación global en evolución, con nuevos espacios virtuales que ponen a “la plaza” en el ciber espacio global en tiempo real; que transparenta todo, a toda hora, formando redes infinitas de contactos, cada vez más difíciles de controlar o de bloquear por los Gobiernos.

En el norte de África y en el medio oriente, piden los mismos principios que en occidente y que en Soloy: libertad, igualdad, autodeterminación, responsabilidad, solidaridad, justicia social, sufragio universal, separación de poderes, transparencia…

Se trata, en suma, de VALORES; VALORES FUNDAMENTALES; valores compartidos, pero conforme las circunstancias objetivas de cada país y región. No es en abstracto la cosa, es concreta. No se trata hoy de seguir a líderes carismáticos, sino más bien es un liderazgo colectivo heterogéneo, más que una tendencia concreta, pero con claridad en cuanto a sus aspiraciones y reivindicaciones.

Es probable, que en un futuro próximo, se precise una plataforma política que fortalezca y amplíe espacios de expresión organizada y permanente.

En la red, aparecen, cada vez con más profusión, manifiestos y llamados a la “regeneración democrática para liquidar el clientelismo y devolver a la POLÍTICA su honradez, legitimidad y transparencia”, que se ha ido perdiendo, sumida en el oportunismo y la mediocridad de quienes ven en la micro-política, un medio para satisfacer sus apetitos personales y sus intereses, con la exacerbación del individualismo cuya motivación primera es el lucro y el asalto al poder por el poder mismo. Ya no hablan de ideologías, de proyectos ético-políticos, de la construcción de una sociedad ideal, todo queda reducido a un materialismo mercantil que ha desdibujado la verdadera esencia de la Política. Pareciera que estamos en el mercado, en un bazar, donde quienes dicen ser “políticos”, se venden, se compran, se cambian, sin reparo alguno y lo peor es que pretenden lo mismo de los electores: que se siga en ese mismo juego pernicioso. El nihilismo de nuestros tiempos pareciese que marca el paso.

Las consecuencias las sufre la gente en su nivel de vida y sus derechos.

A quienes vemos en la Política con mayúscula, la búsqueda constante del bien común, entendido como ampliación e igualdad de oportunidades y el logro del bienestar general que se alcanza por medio de la justicia social, nos corresponde en esta época de cambios e incertidumbres, reivindicar la verdadera esencia de la Política y nos exige una mirada honesta hacia los valores y el futuro.

Pues bien, desde esta perspectiva, se trata de reinstalar y desarrollar los valores, principios y objetivos de la DEMOCRACIA SOCIAL.

Es probable que estemos pensando que la Democracia Social, es un concepto que se explica por sí solo, pero en realidad, cada lector o actor político, hará una explicación en relación a su base de pensamiento y lenguaje.

El uso correcto de una palabra o proposición gramatical, estará determinado por el contexto al cual pertenezca, que siempre será un reflejo de la forma de vida y del pensamiento, de los que hablan o escriben.

La conformación de equipos humanos para el logro de objetivos comunes o para la materialización de un proyecto determinado, del tipo que sea, precisa un lenguaje común en el sentido más amplio de su acepción.

Para discutir acerca de la dirección o rumbo, es necesario conocer el vocabulario que establece el punto de partida general.

Así, lo primero que hay que establecer es un lenguaje común, que permita comprender y explicar los conceptos e ideas que identifican, precisan y le dan sentido a la DEMOCRACIA SOCIAL.

La DEMOCRACIA SOCIAL, no es un estado ideal sino más bien un ideal de lucha, una bandera que se agita desde la base de la sociedad.

Durante los debates de la Segunda Internacional (1889), la discusión, en línea general, no se centró en la construcción de un nuevo modelo radical como “estadio superior de la historia”, sino en luchar por mejorar las condiciones y oportunidades de vida de los trabajadores y de los estratos más débiles de la sociedad, desde la práctica política democrática. Es decir, que no se concebía la lucha como medio para establecer un nuevo y radical modelo de producción, sino como la profundización permanente de la democracia de origen liberal.

Podemos señalar que gracias al avance de las organizaciones políticas y obreras en las naciones europeas de más alto desarrollo industrial (Alemania; Inglaterra y Francia de finales del siglo XIX), las reivindicaciones  sociales y la lucha por la democracia política confluyeron en una indisoluble unidad. Así, la cuestión social es absolutamente inseparable de la Política y su solución está determinada y solamente será posible, en un Estado Democrático. De ahí la noción central de la idea de DEMOCRACIA SOCIAL.

Después de muchas discusiones y disidencias, en 1959,  se aprobó el “Programa de Bad Godesberg”, que marcó la reconciliación definitiva de los Socialistas Democráticos (reformistas) alemanes, con la idea de DEMOCRACIA SOCIAL.  A partir de este Programa, se puso como eje central, ya no una clase sino al “SER HUMANO como sujeto creador de su propia historia” y expresa que: “los socialistas luchan por una sociedad en la que cada ser humano puede desarrollar su personalidad en libertad”… “El Partido Socialdemócrata es el partido de la libertad del espíritu. Es una comunidad de seres humanos que provienen de las más diversas creencias y corrientes de pensamiento”.

Al mismo tiempo, reconocían la democracia parlamentaria como forma preferencial de gobierno y adscribían a los valores filosóficos y morales que dieron y dan forma a las políticas que conjugan avance social, igualdad de oportunidades, crecimiento y participación democrática.

Desde nuestra perspectiva, la DEMOCRACIA SOCIAL alude a un concepto que hace referencia a un régimen no excluyente, con niveles aceptables de ciudadanía social y derechos sociales garantizados, bajo la conducción de un Estado coordinador, activo y fuerte, en la dirección del bienestar general.

Se desprende entonces de esta idea, lo que denominamos un sistema de VALORES fundamentales: LIBERTAD; IGUALDAD; JUSTICIA y SOLIDARIDAD que consideramos interdependientes. Cada uno es requisito de los otros y conforman un conjunto indivisible de principios que se conjugan entre sí.

Queda claro que en muchos casos, es dudoso que los derechos fundamentales estén realmente vigentes y permitan aplicar los VALORES FUNDAMENTALES en la sociedad. No se trata de una cuestión teórica, sino de una puja social y de la relación de fuerzas entre distintos actores de cada país y región.

Es por ello que una teoría de la DEMOCRACIA SOCIAL, debe no solo considerar la constitución formal de un Estado, sino que también y sobre todo, debe verificar si las estructuras democráticas y los derechos fundamentales están efectivamente al alcance de cada ser humano.

Podemos decir que la Democracia Social está marcada por:

  • Derechos fundamentales en el ámbito social y económico.
  • Constitución de la sociedad conforme a los derechos y valores fundamentales, tanto en el plano formal como en el práctico.
  • Vigencia formal y aplicación real de derechos de libertad e igualdad de oportunidades.

Si hablamos de la Democracia Social como un modelo, como un posible sistema de coordenadas, es necesario conocer nuestro punto de partida y la situación de la sociedad, para definir, sobre la base de los valores fundamentales y los objetivos sociales, el rumbo político.

Como dijera Séneca: “NO HAY VIENTO FAVORABLE, SINO PARA AQUEL QUE SABE ADÓNDE VA”.

Si nos preguntamos la diferencia existente entre lo que los diversos sistemas reivindican y la realidad, habría que realizar un análisis teórico detallado de los respectivos modelos sociales, y comprobar, sobre la base de datos empíricos, en qué medida los países han logrado concretar efectivamente esas reivindicaciones, cuando se han orientado hacia determinados modelos.

El hecho que aumente la brecha entre la reivindicación y la realidad, es decir, entre lo que queremos y lo que tenemos, puede atribuirse en parte, como ocurre en nuestro país hoy, a una retórica engañosa (por ejemplo: para mantener el poder), que intenta “vender” (como quien vende productos vencidos en un supermercado)  algo que solo sirve a los intereses de pocos, como algo tendiente al bien común.

De ahí la necesidad de construir poder desde la base de la sociedad (poder social), que se sustenta en una teoría para la acción, que entrega herramientas, ciencia, ideología y método, para procesar tecnopolíticamente problemas, con una visión horizontal, trans-disciplinaria, no “departamentalizada”, ni por segmentos verticales.

El reto es empoderar a los ciudadanos para que ellos mismos, organizados, construyan ciudadanía y democracia.

El principio de acción debe ser la DEMOCRACIA SOCIAL. El objetivo es alcanzar un SOCIALISMO DEMOCRÁTICO a través de decisiones democráticas con amplia participación organizada de los actores sociales y realizar los derechos fundamentales en materia política, económica, social y cultural.

Ahora bien,   no hay una única llegada a la Democracia Social, pero sí valores y principios compartidos.

 “La DEMOCRACIA SOCIAL es un modelo de pensamiento de gran alcance, que no se conforma con una vigencia formal de los derechos humanos y las reivindicaciones sociales. Tampoco es una construcción filosófica alejada de la realidad. Ante todo, como modelo abierto, debe ser convincente al ajustar la brújula que orienta la acción política…”

“A través de diferentes instrumentos, esa acción permitirá lograr la más amplia aplicación posible de los derechos concretos de libertad y, de ese modo, también podrá hacer realidad los valores fundamentales de igualdad, justicia social y solidaridad”. (Manual de la Democracia Social; FES)

Es necesario apuntar que las realidades y contextos regionales tienen sus particularidades. Europa y los países industrializados del Norte, no son la AMÉRICA LATINA. Su desarrollo, idiosincrasia y evolución histórica, difieren de la de nuestros países y expresan hechos propios del contexto, los escenarios, las circunstancias y las hegemonías sociales y políticas que interactúan en determinados espacios de producción económica y social, vinculados a su proceso histórico y geo-político. La experiencia y evolución política que recogemos de Europa, de la Revolución Francesa (1789); de la Segunda Internacional (1889); del Programa Socialdemócrata de Bad Godesberg (1959), entre otros hechos, plantea el reto de adaptar los conceptos de la Democracia Social y los principios de la Socialdemocracia, a nuestra realidad Latinoamericana, reconociendo las particularidades de la región y el proceso histórico que la ha marcado.

Bajo esta premisa, habiéndose hecho trizas el “Consenso de Washington” y luego de la “reestructuración neoliberal” (si la podemos llamar así a la luz de los acontecimientos), a los partidos progresistas y a los que nos identificamos con la Internacional Socialista (IS), nos corresponde integrar lo que podemos llamar la variante latinoamericana de la Socialdemocracia, como alternativa que combine la Democracia Representativa con una economía (social) de mercado e iniciativas del Estado para reducir las desigualdades, ampliar los derechos sociales, fortalecer los valores fundamentales y promover la ciudadanía social.

Por último, sustentados en el sistema de derechos y valores fundamentales de la Democracia Social, queda claro que debemos reformar al Estado. No desde una concepción “tecnocrática”, sino desde la perspectiva de la construcción de la Democracia Social, tomando en cuenta el fortalecimiento de las capacidades (medios y fines) que le permitan aumentar su gobernabilidad, para enfrentar un mundo cada vez más complejo.

Hablamos, para entendernos de repensar al Estado, desde una visión que rescate el potencial trasformador de la política, debemos potenciarlo, capacitarlo, darle CAPACIDAD DE GOBIERNO para atender y resolver los históricos problemas que padecemos, en un contexto de globalización.

En este sentido, estoy convencido que necesitamos otro tipo de Estado. Un Estado que funcione como un sistema de concreción de alianzas tanto entre como en sectores dentro de ellas. Alianzas para el fin de lograr objetivos puntuales pero significativos, alianzas desde las organizaciones locales o comunales con autonomías relativas para procesar los problemas y superarlos desde la base.

El reto que se nos presenta como militantes de la Socialdemocracia latinoamericana, es encontrar los caminos para llevar adelante estas acciones de reforma. Es encontrar el modo en que podamos revolucionar el aparato público, para conseguir los resultados que legitimen y fortalezcan la democracia, para que se materialicen en la práctica los derechos y valores fundamentales.

Se trata, en suma, de rediseñar el Estado y las reglas del juego social, desde la perspectiva de la Democracia Social.

 

Benjamín Colamarco Patiño

Partido Revolucionario Democrático (PRD)

Panamá,  julio de 2011