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Foro Regional: Centroamérica después de la crisis

“Consecuencias y lecciones aprendidas”                          

Comentarios Políticos por   BENJAMÍN COLAMARCO

La desigualdad extrema y la injusticia social en América Latina se manifiesta aún en un contexto donde la mayoría de nuestros países muestran altas tasas de crecimiento de sus economías en los últimos años, crecimiento que sin embargo, sigue beneficiando a un sector relativamente pequeño de nuestra sociedad.

 Veamos algunos datos:

  • La región registró un incremento del 6% del PIB y sale de la crisis global a un paso más acelerado de lo esperado. Medidas contra cíclicas adoptadas por varios países al inicio de la crisis han tenido un impacto positivo en el crecimiento económico. Podemos citar el ejemplo de Brasil, cuya economía se desaceleró durante los años 2007, 2008 y 2009 (4.8%) y tuvo una significativa recuperación de la crisis mundial, demostrado por su crecimiento de 7.7% en 2010.
  • Los países con el mejor crecimiento económico en el 2010 fueron Paraguay (9.7%), Uruguay (9%), Perú (8.6%), Argentina (8.4%) y Brasil (7.7%).
  • Políticas fiscales fortalecidas, medidas contra cíclicas, bajas tasas de inflación y sistemas de protección social en algunos países ayudaron a mitigar los efectos de la crisis.

No obstante,

  • La pobreza infantil en la región permanece en el 45%. Los países con los niveles más altos de pobreza infantil son El Salvador (86.8%), Guatemala (79.7%), Nicaragua (78.5%) y Bolivia (77.2%).
  • 24% de los niños en la región no habitan viviendas adecuadas, mientras que el 12.3% no tiene acceso a agua potable.
  • América Latina y el Caribe continúa siendo la región con la peor distribución de ingresos.

 

Con relación a Objetivos del Milenio (ODM1) que se refiere a la necesidad de Erradicar el Hambre y la Pobreza Extrema, podemos observar que:

  •  La pobreza monetaria se mantuvo constante con relación al 2009. En la actualidad se mantiene en el 32.1% (180 millones), mientras que la pobreza extrema se mantiene en 12.9% (72 millones). Los países con los niveles más altos de pobreza monetaria (Bolivia, Guatemala, Honduras y Nicaragua) tienen también los mayores niveles de pobreza multidimensional.
  • La desnutrición afecta a la mitad de los niños guatemaltecos, entre un cuarto y un tercio de los niños en Honduras, Ecuador, Haití, Bolivia y Perú, mientras que la desnutrición infantil está por debajo del 3% en Chile.

Sin lugar a dudas, la recesión mundial ha impactado nuestra región, pero también podemos colegir, que, considerando individualmente cada país, la previsión y la toma de decisiones políticas oportunas para mitigar los efectos negativos de la crisis, permitió a algunos, sortear sus efectos de una mejor manera.

Sin embargo, el tema es más profundo y estructural de lo que se aprecia en la coyuntura.

Debemos preocuparnos mucho cuando vemos que lejos de disminuir como quisiéramos­: la pobreza, la concentración de la riqueza, la falta de oportunidades, la injusticia social; aún con altas tasas de crecimiento en la región, siguen ahogando a amplios estratos de nuestros pueblos e impiden tener perspectivas serias de alcanzar un desarrollo sustentable de nuestros países.

El desafío que se nos presenta es muy complejo. No sólo es angustiante e injusto que millones de personas no puedan acceder a una educación digna, servicios de salud de calidad, niveles adecuados de nutrición infantil; trabajo y vivienda, en fin, a lo que los socialdemócratas llamamos “EL MÍNIMO VITAL”; sino que también esta fuerte incapacidad del ESTADO de dar respuesta a estas problemáticas históricas, está erosionando aceleradamente nuestras democracias.

Ese es el problema de fondo, más allá de la crisis financiera, que es un elemento adicional dentro de una crisis sistémica, de valores, de deficiencias institucionales, de desregulación y agotamiento del modelo de economía de mercado como existe hoy.

Dado este estado de situación, dada la urgencia con que reclama nuestra acción, debemos preguntarnos: ¿Qué rol debe asumir el ESTADO, qué acciones debemos proponernos desde la POLÍTICA, desde la socialdemocracia, para revertir esta situación?

Esta es la pregunta que creo debemos hacernos y que hace referencia al tema que nos convoca: “Centroamérica después de la crisis: ¿volver a lo mismo o sentar las bases para un nuevo modelo de desarrollo?”

En cuanto al rol del Estado me permitiré citar la declaración del  congreso de la Internacional Socialista. Allí declaramos:

Hoy, en cambio, se renueva la convicción acerca de la importancia del Estado y de su papel en la sociedad actual. Se trata de REFORMAR ese Estado, para revitalizar  lo público en momentos del desafío de la búsqueda del crecimiento con equidad. Para ello se requiere, sin duda, un Estado renovado y activo, potente, ni más grande ni más oneroso que el actual y, por cierto, con una relación mas cercana con los ciudadanos”.

Regreso entonces a la pregunta motivadora de este panel: “¿Qué se aprendió de la crisis financiera global?”

Yo diría que como primera aproximación a una respuesta, aprendimos que la estructura del Estado burocrático, anquilosado, que tenemos hoy, en relación a la mega crisis sistémica – superior a la crisis financiera – como la he querido llamar, no estaría en capacidad de atender los problemas que se van acumulando y que retroalimentan la crisis estructural.

En consecuencia debemos REFORMAR al Estado y  rediseñar las reglas del juego social.

Quisiera precisar, NO se trata de reformar al Estado desde una concepción tecnocrática, sin tener en cuanta el fortalecimiento de las capacidades que le permitan aumentar su gobernabilidad para enfrentar un mundo cada vez más complejo y la crisis sistémica que nos presiona más de lo que suponemos.

Debemos repensar al Estado desde una visión que rescate el potencial trasformador de la POLÍTICA, debemos potenciarlo, capacitarlo, darle CAPACIDAD DE GOBIERNO para atender y resolver los históricos problemas que padecemos, en un contexto de globalización y crisis, que nos obliga a enfrentarnos a los nuevos retos que nos impone la realidad de hoy.

Necesitamos otro tipo de Estado.   El desafío que se nos presenta como líderes de la Socialdemocracia latinoamericana, es encontrar los caminos para llevar adelante estas acciones de reforma. Es encontrar el modo en que podamos revolucionar el aparato público para conseguir los resultados que legitimen y fortalezcan la democracia y a la vez, nos coloque en mejores condiciones para enfrentar la crisis sistémica que persiste.

Como propuesta superadora, proponemos ir hacia un Estado Coordinador.  Entendido como el Estado vigilante por delegación de los ciudadanos en demo­cracia. Un Estado que no tiene posiciones rígidas y su preocupación constante es el equilibrio so­cial por abolición de los extremos.  Conduce el cambio social hacia el norte que el colectivo social se propone. Impide que las tensiones y los conflictos superen el límite de la convivencia social. Orienta, evita los excesos y no produce excesos.

La clave del Estado coordinador, es su fortaleza en términos de CAPACIDAD DE GOBIERNO. Esta es la clave del futuro de la democra­cia y de la posibilidad de enfrentar la crisis sistémica que existe.

Permítaseme citar al economista chileno Carlos Matus, abro cita: Sin capacidad de gobierno, la democracia está en peligro. La mejor defensa de la democracia es su eficacia para producir resultados sociales satisfactorios para las mayorías. Pero ello exige renovar completamente el estilo de hacer política y el estilo de hacer gobierno”.

 “El desarrollo de las ciencias y técnicas de gobierno debe ayudar a ese cambio, antes que la democracia se desplome. El actual diseño del aparato público es incapaz de sostener el sistema democrático. El estilo dominante de hacer política aleja a la pobla­ción de los partidos y de la actividad pública, con un saldo de frus­tración. Es necesario revolucionar el aparato público y revolucio­nar el estilo de hacer política. Este último debe ser un arte más profesional, con mayor apoyo de las ciencias, y el aparato público debe afinarse, para ser una herramienta eficaz de la democracia”

En este punto debemos ser claros y precisos, la sociedad no soporta más “diagnósticos”, necesita respuestas concretas ¡Ya!, ¡Ahora! Debemos usar un lenguaje duro y claro en la propuesta. En primer lugar, sostengo que ESTADO y POLÍTICA, son dos elementos indefectiblemente interrelacionados, por lo que el repensar al Estado, requiere que, paralelamente, debamos REFORMAR EL ESTILO DE HACER POLÍTICA, debemos abandonar esta idea de los partidos como “clubes electorales”, como maquinarias de ganar elecciones, como expresiones mediáticas “mercantilistas”.

Debemos rescatar la idea de la POLÍTICA como eje de los procesos de transformación social, debemos reivindicar  los partidos políticos como lugares donde los sueños y las esperanzas encuentran respuesta.

Para ello sostengo tres líneas de acciones precisas y urgentes:

Primera:       Formación de dirigentes.

Segunda:    Centros de Pensamiento / Prospectiva.

Tercera:      Rediseño del Aparato Público.

Como una segunda aproximación a una respuesta a la pregunta: “¿Qué se aprendió de la crisis financiera global?”  Diría que, parece obvio que el modelo de economía que se sustenta en el consumo y la especulación financiera, se ha agotado.

Los altos déficits;  el endeudamiento; los problemas de competitividad en Estados Unidos, Europa y Japón, adicionado al aumento del precio del petróleo y de los alimentos, tienden a disminuir la actividad económica con el consiguiente aumento de los niveles de pobreza, y hacen que el fantasma de la crisis sistémica, siga rondando el mundo, proyectando sombras sobre las posibilidades de un desarrollo estable y sostenible para nuestros pueblos.

La región enfrenta un periodo de incertidumbre y dificultad.

En consecuencia, debemos incorporar al análisis que nos ocupa, elementos de racionalidad y regulación en el sistema, lo que implica una REFORMA y DEMOCRATIZACIÓN del CAPITALISMO.

Esto pasa necesariamente por una mayor regulación en la globalización  y  una propuesta económica para nuestros países, que propenda a apuntalar un sistema financiero robusto y regulado, con bajo endeudamiento privado y una deuda pública sana y líquida.

Paralelamente, también hemos aprendido que es necesaria una estricta regulación financiera y crear una red de bienestar que estabilice el consumo;

  • Leyes de salario mínimo y escala salarial en el marco de una “política salarial solidaria”, con desarrollo de la productividad, que impulse una reducción de la brecha salarial entre los diferentes trabajos;
  • Aplicación de una estricta política fiscal para controlar la demanda agregada, a través del superávit presupuestario y evitar así que los resultados de la “política salarial solidaria” sean absorbidos por la inflación;
  • Sostén a los sindicatos y formación a los trabajadores;
  • Hipotecas de bajo coste y préstamos blandos para los estudiantes.

La política fiscal, debe desempeñar un papel mucho más efectivo. No pequeños ajustes ocasionales sino una presencia positiva y permanente para contrarrestar, guiar y servir de suplemento al propósito del desarrollo con equidad. Se deben conjurar los comportamientos económicos de riesgo.

Me he permitido poner a su consideración algunas líneas de acción concretas para que las reflexiones sobre la situación Latinoamericana que hemos escuchado, no queden solo en el discurso y puedan pasar al plano de la acción. El fin último es que juntos encontremos los caminos y herramientas que nos permitan fortalecer a la Política, y a la democracia, en su capacidad de dar respuesta a los complejos, urgentes y persistentes PROBLEMAS que padecen las grandes mayorías latinoamericanas.

A la política y a los políticos, junto a nuestras sociedades y a todos los actores sociales,  nos corresponde ocupar, cada uno desde su ubicación en los espacios de producción social, nuestro papel como sujetos activos para la transformación de la realidad, interviniendo para evitar la profundización de la crisis sistémica estructural en acto, que implica riesgos para la democracia y mayores penurias y dificultades para los estratos más débiles de la sociedad.

Muchas gracias.

Benjamín Colamarco Patiño

San José, Costa Rica, 29 de marzo de 2011