Un pueblo resiliente

   Por: Benjamín Colamarco Patiño

Panamá, 1 de julio de 2026

Hoy se cumplen exactamente dos años desde la toma de posesión de José Raúl Mulino. Veinticuatro meses han bastado para que el espejismo electoral se disuelva por completo en el ácido de la realidad.

El panorama nacional es desolador: ocho de cada diez panameños —un abrumador 80% de la población— manifiestan con profunda convicción que el gobierno lleva al país por un rumbo equivocado. Lo que inició con promesas de bonanza y «billete en el bolsillo» se ha transformado en un ecosistema de desempleo, desigualdad galopante y una desesperanza que asfixia el hogar de las familias panameñas.

Sin la hecatombe de la pandemia que perturbó a la humanidad, Panamá retrocede a pasos agigantados bajo el peso de un dogmatismo económico y una soberbia institucional intolerable.

La «quimera» desvanecida:

de la «mano firme» a la sumisión

El relato oficial se ha estrellado contra los datos y los hechos. En la campaña de 2024, el expresidente Ricardo Martinelli —hoy condenado en firme por corrupción y resguardado en Colombia— vendió a los electores la ilusión de que Mulino sería su fiel seguidor: un ejecutor dotado de una firmeza capaz de dinamizar los motores del país. Dos años después, esa supuesta firmeza no ha sido más que arrogancia y desdén hacia las demandas más sentidas del pueblo.

La administración actual ha optado por aplicar una severa «terapia de shock», propia de la derecha conservadora más ortodoxa, cuyos costos humanos saltan a la vista.

Los indicadores macroeconómicos y sociales de este bienio son irrefutables y dibujan la radiografía de un país en franco retroceso:

Pobreza en ascenso: El índice de pobreza se disparó del 12.9% en 2023 a un alarmante 22.1% en la actualidad y una pobreza extrema – donde el dinero no alcanza ni para comer – que ronda el 10%.

Uno de cada tres niños y niñas en Panamá hoy se encuentran en pobreza multidimensional.

Se han amplían las brechas de desigualdad: el índice de GINI que mide la desigualdad supera el 0.50 lo que indica que la riqueza producida por el capital y el trabajo, durante estos dos años, se ha ido concentrando en los estratos más altos de la sociedad. El crecimiento no está llegando a las grandes mayorías.

Desempleo desbocado: La tasa de desocupación escaló del 7.1% en el 2023, al 11%, de hoy, con provincias en que ronda el 15% dejando a miles de profesionales y trabajadores en la intemperie laboral.

Endeudamiento sin lógica desarrollista: La relación Deuda/PIB ya supera el 62%, ensanchando la brecha frente al 56.3% registrado al cierre de 2023.

Parálisis de infraestructura: Proyectos públicos clave que contaban con más del 80% de avance físico en junio de 2024, fueron suspendidos de forma calculada durante casi un año, con el único y mezquino propósito de reactivarlos posteriormente bajo el sello publicitario de la actual administración.

Mientras la demanda interna total cae y el consumo se contrae, el sector agropecuario yace en el abandono absoluto y la inseguridad ciudadana alcanza niveles que desbordan la paz pública. La incompetencia del gobierno en materia de seguridad pública es patente.

El quiebre de la ética republicana: una confesión que estremece la institucionalidad

A la crisis socioeconómica se suma un deterioro institucional sin precedentes, marcado por una preocupante vocación autoritaria.

Todavía resuena con fuerza la alarmante confesión hecha por el propio presidente Mulino durante una visita oficial a Costa Rica. En un despliegue de jactancia temeraria, relató cómo en las vísperas de los comicios de 2024 coaccionó a los magistrados del Tribunal Electoral con una advertencia explícita: “si ustedes se prestan para no dejarme correr, les prendo este país por las cuatro esquinas, créanmelo”.

Esta declaración no es una simple anécdota de campaña; es la admisión pública de una amenaza premeditada contra la máxima autoridad electoral del Estado. Revela una peligrosa disposición a sustituir la fuerza del argumento por el argumento de la fuerza.

Al prometer sumir al país en el caos y la violencia para asegurar sus objetivos particulares, Mulino erosionó los cimientos de la ética republicana. Este hecho arroja una sombra de duda sobre la legitimidad de origen de un mandato que nació bajo la sospecha de una tutoría política ejercida por control remoto desde la embajada de Nicaragua. El ensordecedor silencio que guardó el Tribunal Electoral ante semejante bravata no hace más que confirmar la debilidad institucional que hoy padecemos. Para que la democracia no sea un cascarón vacío, sus instituciones deben defender su fuero con dignidad y firmeza; la pasividad ante la intimidación valida un camino perverso hacia el poder.

Soberanía entregada y neutralidad en jaque

El aspecto más doloroso y geopolíticamente peligroso de la gestión de Mulino radica en la conducción de la política exterior.

Desde el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca en los Estados Unidos, signado por una retórica de ofensas, mentiras y presiones hostiles, el gobierno panameño ha adoptado una actitud sumisa y complaciente que lesiona nuestro orgullo nacional.

La administración actual ha entablado negociaciones a espaldas del país, comprometiendo de forma alarmante la soberanía nacional y la neutralidad perpetua de nuestro Canal de Panamá.

Frente al anuncio de Washington de conformar una coalición militar en América Latina —privilegiando el garrote y la fuerza sobre el derecho internacional— y ante los sistemáticos agravios vertidos contra nuestra nación y nuestra identidad lingüística, la respuesta oficial ha sido el mutismo o la aquiescencia.

Panamá no tiene ni necesita un ejército; nuestra fortaleza descansa en el derecho, en la estabilidad internacional y en las históricas conquistas diplomáticas encarnadas en los Tratados Torrijos-Carter. Nos costó generaciones enteras de lucha, sacrificio y sangre derramada recuperar el control pleno de nuestra posición geográfica y de nuestro suelo.

El respeto es una calle de doble vía. Frente a la agresión verbal extranjera, Panamá exige y merece una postura serena, pero inquebrantablemente digna, soberana y firme, que honre nuestra trayectoria como país de paz y autodeterminación.

La Patria no se negocia, no se hipoteca y no se rinde ante los designios de ninguna potencia.

El extravío de la alternativa política.

El drama panameño se agudiza al constatar que la alternancia y la oposición política se encuentran en un estado de postración y fragmentación alarmante. Por un lado, la bancada de “Vamos”, que despertó enormes expectativas en el electorado bajo la promesa de encarnar la honestidad y la renovación ha extraviado el norte.

La cruda realidad pulverizó ese discurso en pocos meses: muchos de sus diputados terminaron alineándose de manera vergonzosa con el oficialismo exhibiendo un oportunismo descarado y una preocupante ausencia de autocrítica que ha sumido a sus electores en el desencanto.

Por otro lado, los partidos políticos se muestran incapaces de canalizar el descontento popular.

La oposición democrática es débil.

La actual dirección superior del Partido Revolucionario Democrático (PRD) carece de una conducción política clara, orgánica y programática. Se encuentra estancada en una visión anacrónica y burocrática – diluida – que no responde a las demandas urgentes del Panamá de hoy, dejando un preocupante vacío de liderazgo en momentos donde el país exige brújulas morales y políticas bien definidas.

La hora del pueblo: de la indignación a la propuesta

A pesar del desaliento que emana de las alturas del poder, el tejido social de Panamá está demostrando una enorme capacidad de resiliencia. El silencioso estruendo del despertar ciudadano es un hecho incontestable.

Las comunidades ya no albergan únicamente las legítimas protestas de las organizaciones sindicales; hoy la voz de alarma la dan las amas de casa que no logran estirar el presupuesto, los jóvenes despojados de un porvenir digno, los profesionales independientes sumidos en el desempleo forzoso y los microempresarios arruinados por la asfixia económica.

La frustración colectiva ha mutado en una indignación activa y consciente. Panamá ha dejado claro que no se conformará con eslóganes publicitarios vacíos ni con diagnósticos complacientes elaborados en despachos ministeriales refrigerados.

Nuestro país demanda con urgencia una rectificación de rumbo:

1. Transparencia absoluta en el manejo de las finanzas del Estado y erradicación de los conflictos de interés.

2. Defensa irrenunciable de la soberanía nacional y del Tratado de Neutralidad del Canal frente a cualquier injerencia externa.

3. Respeto irrestricto a la Constitución, al ordenamiento legal y a la dignidad de los trabajadores y productores nacionales.

A dos años de distancia de aquel julio de 2024, el balance es un llamado a la acción.

Quienes confundieron la gobernanza con la bravata y la política con la amenaza subestimaron la memoria perceptiva de este pueblo. Panamá es una patria con vocación de libertad, justicia social y progreso. Ante el fracaso de un modelo que da la espalda a las mayorías y dobla las rodillas ante Trump, se yergue la voluntad inquebrantable de un pueblo decidido a rescatar democráticamente su dignidad, su soberanía y su futuro.

Benjamín Colamarco Patiño

Panamá, 01 de julio de 2026

www.benjamincolamarco.com

Programa para la Acción y la Transformación

Base Ideológica y de Principios: El Sentido de la Identidad Torrijista y Socialdemócrata

Documento de trabajo por Benjamín Colamarco Patiño

Ser Torrijista o Socialdemócrata implica trabajar decididamente en la construcción de una sociedad materialmente más equitativa, socialmente más justa, políticamente más democrática, culturalmente más avanzada y ambientalmente más sostenible, en un país soberano.

Nuestra ubicación ideológica se define con claridad en el centro-izquierda: somos un movimiento revolucionario y democrático.

Reivindicamos el carácter social del modelo de desarrollo, en procura de alcanzar el Estado de Bienestar mediante un equilibrio justo entre el mercado, el Estado y la sociedad.

Para nosotros, el mercado no es un fin en sí mismo, sino un medio. Desde la democracia social, la propiedad y el capital deben cumplir una función social que beneficie a la comunidad.

Asumimos un compromiso inquebrantable con la centralidad del ser humano —el ciudadano en comunidad— a través de políticas públicas vigorosas dirigidas a erradicar la pobreza y el hambre, atacando sus raíces estructurales y eliminando toda forma de desigualdad, discriminación y marginación.

  1. Economía Inclusiva: El Equilibrio Justo entre Mercado, Estado y Sociedad

Vivimos en una sociedad global caracterizada por la complejidad y la incertidumbre, donde las prioridades geopolíticas se reacomodan y resurgen algunas tendencias proteccionistas. Ante este escenario, nuestra prioridad es defender los intereses nacionales bajo la concepción amplia de la seguridad integral del ser humano, en la dirección de que las personas puedan desarrollar sus capacidades sin miedos ni necesidades.

Abogamos por un modelo de desarrollo integrador, incluyente y participativo, en una economía social de mercado que armonice la eficiencia económica con la justicia social. El Estado tiene la responsabilidad ineludible de erigirse como el escudo protector de los ciudadanos y sus familias. El crecimiento económico debe ser inclusivo, reconociendo a la iniciativa privada como un aliado estratégico para la generación de empleo digno y equidad ciudadana.

Para salvaguardar el bienestar colectivo y evitar los abusos de los poderes financieros, resulta indispensable reforzar las medidas de control de los mercados financieros y prohibir las formas más peligrosas de especulación.

La meta final es una economía inclusiva como modelo que busca que todos los ciudadanos independientemente de su ubicación, capacidades o género, puedan participar y beneficiarse del crecimiento económico, que en su aplicación garantice la cohesión social y dote de viabilidad a un proyecto político nacional de amplio espectro.

II. Producción y Competitividad: Tecnificación, Valor Agregado y Sector Estratégico

    El desarrollo económico sostenible requiere potenciar nuestras fuerzas productivas nacionales e incentivar la productividad creando cadenas de valor que mejoren los términos de intercambio y aseguren salarios justos. La inversión extranjera es bienvenida como catalizadora de progreso tecnológico y empleo digno, sujeta siempre al cumplimiento estricto de nuestras normas sociales, ambientales y fiscales.

    Nuestra estrategia productiva se sostiene sobre tres pilares fundamentales:

    Apoyo a la Micro, Pequeña y Mediana Empresa y Cooperativas

    Priorizamos el respaldo constante a las mipymes y a las cooperativas, facilitándoles el acceso a financiamiento y a la transferencia de conocimientos técnicos para la adopción de herramientas de vanguardia, protegiendo su rol vital en el tejido económico nacional.

    El Sector Agroalimentario como Sector Estratégico

    El sector agroalimentario es generador de riqueza, empleo y cohesión social en todas las provincias. Reafirmamos la importancia de la Política Agroalimentaria de Estado (PADE), elevada a rango de Ley de la República bajo el gobierno del PRD, la cual establece como prioridad la producción agropecuaria para asegurar el derecho a la alimentación adecuada y la soberanía alimentaria.

    Implementaremos con firmeza el Plan Nacional de Desarrollo Agroalimentario y Rural (PLANADESAR), para articular una política de base territorial y perspectiva global con alta participación social. Promoveremos la adopción de innovaciones tecnológicas y programas formativos pertinentes para la ganadería intensiva y extensiva, así como para la agricultura, aumentando las capacidades productivas y administrativas de los productores y atrayendo a la juventud al campo.

    III. Logística con capacidad de tejer una cadena de valor

      En Panamá el sector logístico no es solo un centro neurálgico, sino un complejo nodo multimodal que articula sobre nuestra privilegiada posición geográfica, un sistema con capacidad de tejer una cadena de valor que genere empleos de calidad y una dinámica económica que amplíe el radio de influencia con beneficios complementarios multiplicadores a otros sectores y áreas.

      Nuestro esfuerzo por elevar la productividad nacional incluye consolidar a Panamá como el principal centro de trasbordo de América Latina y apoyar la logística inteligente que no solo conecte rutas y diversifique opciones, sino que convierta nuestra geografía en espacios de movilidad social sostenida, en empleos estables y de valor agregado, anclando el desarrollo nacional más allá de los ciclos financieros, en estabilidad macroeconómica y ampliación de oportunidades.

      IV. Tecnología al servicio del ser humano

        La Cuarta Revolución Industrial avanza a ritmo exponencial. La inteligencia artificial, la automatización y la digitalización ofrecen herramientas extraordinarias, pero —si no se las conduce con criterio social— amenazan con profundizar las asimetrías.

        No podemos permitir que la tecnología se convierta en una nueva forma de colonialismo. ¿Qué hacer?

        Democratizar el conocimiento y la tecnología. Frente al colonialismo tecnocrático, la respuesta es la inclusión digital y la transformación educativa. Necesitamos formar ciudadanos críticos, capaces de dominar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial —no peones digitales subordinados a la lógica y los “ecos” del algoritmo—

        Enfrentar la Cuarta Revolución Industrial no es un asunto meramente técnico; es un desafío político y cultural. No se trata de adaptarnos pasivamente a los cambios que imponen los centros de poder global, sino de construir activamente el Panamá que queremos: un país soberano, socialmente justo, económicamente próspero, culturalmente más avanzado y sin exclusiones.

        V. Educación, Innovación y Pertinencia Formativa: Herramientas de Emancipación Social

          La educación es la clave fundamental para emancipar al ser humano. La valoramos firmemente como un bien social y un bien público que debe situarse, junto a la ciencia, la tecnología y la investigación, en el centro de nuestra estrategia de desarrollo.

          Debemos superar la educación tradicional centrada en la simple enseñanza de enunciados y axiomas, transitando decididamente hacia nuevas formas de aprendizaje colaborativo y metodologías innovadoras para producir y transmitir conocimientos.

          Planteamos como eje transversal la pertinencia formativa, garantizando que la formación académica y técnica responda oportunamente a las demandas y desafíos explícitos de los estudiantes y de su entorno laboral, económico y social. Al democratizar y ampliar las oportunidades de ascenso social y tecnificar la fuerza laboral —con especial énfasis en la juventud, las mujeres y los sectores históricamente excluidos— abrimos el camino para que cada panameño encuentre una vida digna en un mundo en constante transformación. Todo ello, sustentado en una educación profundamente centrada en valores.

          VI. Cultura: El Fundamento de la Cohesión y la Identidad Nacional

          La cultura no es un elemento accesorio, sino un componente vital para el desarrollo integral y el avance de nuestra sociedad. Una sociedad culturalmente más avanzada es aquella que reconoce su diversidad, promueve el acceso democrático a las manifestaciones artísticas y valora su patrimonio histórico como un motor de identidad y soberanía.

          La cultura constituye el referente social que arraiga a las comunidades a sus territorios, especialmente en el medio rural, y actúa como el tejido conector que humaniza el desarrollo económico, garantizando que el progreso material marche de la mano con el enriquecimiento espiritual y ético de la nación.

          VII. Salud: Un Enfoque de Salud Comunitaria y Bienestar Colectivo

          Asumimos la definición de la Organización Mundial de la Salud (OMS): la salud es un estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedades. Bajo esta premisa, nuestra visión se centra en la Salud Comunitaria, entendida como la salud colectiva de quienes comparten historias y espacios geográficos de interacción social.

          Nos enfocaremos decididamente en la promoción de la salud, la prevención y el cuidado de los ciudadanos en sus propias comunidades. Para traducir este concepto a la práctica, implementaremos un renovado marco teórico institucional que incorpore la perspectiva comunitaria a través de dos acciones urgentes:

          Revitalización de los Comités de Salud a nivel nacional, devolviéndole el protagonismo a la ciudadanía en la gestión de su propio bienestar.

          Readecuación, rehabilitación, equipamiento y operación funcional de los Centros y Subcentros de Salud, asegurando la permanencia del personal médico, de enfermería, técnico y de los promotores de la salud en las comunidades.

          VIII. Política Exterior: Soberanía, Cooperación y Derecho Internacional

            La política internacional de la República de Panamá debe empezar siempre por la defensa irrestricta de los intereses nacionales, de la soberanía y de la integridad territorial del Estado.

            Guiamos nuestra actuación internacional bajo los principios universales de la igualdad soberana de los Estados, la cooperación internacional para la resolución de problemas globales y la libre determinación de los pueblos. Esto implica el acatamiento riguroso de las normas del Derecho Internacional Público y el fomento de la pacífica convivencia entre las naciones, consolidando a Panamá como un país soberano y digno ante el concierto mundial.

            IX. Ejercicio del Poder: Planificación, Consenso y Gobernanza “Multi-actoral”

              En una sociedad democrática y multiactoral, donde coexiste una multiplicidad de intereses y sectores, el ejercicio del poder no puede ser impositivo ni unilateral. El Estado debe asumir un papel planificador, coordinador, facilitador y conciliador.

              El poder se ejerce legítimamente mediante el consenso cultural y político, adaptándose a la complejidad actual donde lo local y lo global se entrelazan de forma permanente. La gobernanza eficaz exige propiciar equilibrios y un balance global positivo considerando tres ámbitos fundamentales:                       

              │     POLÍTICO    │         │    ECONÓMICO    │     │ SOCIAL / VIDA │

              │ INSTITUCIONAL │     │ Y PRODUCTIVO   │     │   COTIDIANA    │

              Nuestras políticas son reformistas y con visión de futuro; rechazamos los tirones que pretenden jalarnos hacia el pasado. Democracia, justicia social y economía deben marchar siempre aparejadas.

              X. Regeneración Revolucionaria y Democrática: El Futuro del PRD y la Sociedad

              Para transformar el país, es indispensable la reforma y regeneración de nuestro propio instrumento político, el Partido Revolucionario Democrático (PRD). Somos un partido pluriclasista y unido en la diversidad, reflejo fiel de la sociedad que tenemos y que queremos transformar. Si bien las decisiones se toman democráticamente a través de procesos como las elecciones primarias amplias —y deben ser acatadas de forma unitaria—, es urgente recuperar los espacios deliberativos a lo interno del partido y con la sociedad.

              Hacemos un llamado enérgico a la acción colectiva para la reforma del partido, lo cual exige:

              Valentía para romper definitivamente con lo que no funciona y dejar atrás las prácticas perjudiciales.

              Humildad para escuchar con respeto y atención a nuestras bases y a la ciudadanía.

              Firmeza en la defensa de los principios Torrijistas y Socialdemócratas.

              Haciendo eco de Edward Bernstein, recordamos que «el movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada». Rechazamos la obsesión por un estado final y perfecto que detenga el progreso; la búsqueda constante de avances en derechos, cultura, educación, salud y la ampliación de oportunidades es lo que da verdadero sentido a la sociedad. Cada paso es un avance hacia una sociedad más justa que siempre será perfectible.

              Unir y servir es nuestra consigna. Los dirigentes y los gobiernos pasan, pero el Partido y sus principios fundamentales quedan. En la unidad en torno a la soberanía nacional, la solidaridad, la justicia social, el desarrollo y la equidad reside nuestra fuerza. De ella dependerá, invariablemente, la prosperidad con justicia de todos los ciudadanos panameños.

              Documento de trabajo para el análisis crítico y el debate en la Escuela Torrijista de Formación Política y Gobierno Ascanio Villaláz, elaborado por Benjamín Colamarco Patiño

              www.benjamincolamarco.com

              Panamá, junio de 2026

              Torrijismo y Socialdemocracia en Tiempos Inciertos: Raíces Firmes frente a la Liquidez del Siglo XXI

              Por Benjamín Colamarco Patiño

              Vivimos en la era de la incertidumbre. El sociólogo Zygmunt Bauman caracterizó nuestra época como una «sociedad líquida» —un tiempo donde las estructuras sociales, las instituciones y las relaciones humanas ya no mantienen su forma el tiempo suficiente como para solidificarse—. En este entorno fluido, la inmediatez y el individualismo tienden a disolver los lazos de la solidaridad orgánica.

              A este fenómeno se suma lo que Jürgen Habermas teorizó como el riesgo de quedar prisioneros del «colonialismo tecnocrático»: esa tendencia a sustituir el debate político por soluciones técnicas y algorítmicas —donde las decisiones se toman en laboratorios de datos o bajo la lógica del mercado, despojando a la sociedad de su dimensión humana y soberana—.

              Ante este panorama, cabe hacernos la pregunta que debe guiar la reflexión del Partido Revolucionario Democrático (PRD) y de todos los Torrijistas: ¿Y ahora, en estos tiempos de cambio, ¿qué hacer y cómo hacerlo?

              «El desarrollo no es la medición del crecimiento del Producto Interno Bruto, sino el desarrollo integral del ser humano».

              — General Omar Torrijos Herrera

              1. El Diagnóstico: La Cuarta Revolución Industrial y la Brecha Social

              La Cuarta Revolución Industrial avanza a ritmo exponencial. La inteligencia artificial, la automatización y la digitalización ofrecen herramientas extraordinarias, pero —si no se las conduce con criterio social— amenazan con profundizar las asimetrías. Como señala el Nobel Joseph Stiglitz, los mercados por sí solos no tienden a la equidad; sin una regulación fuerte y redistribución progresiva, la riqueza tecnológica se concentra en pocas manos y ensancha la brecha entre hiperconectados y excluidos.

              No podemos permitir que la tecnología se convierta en una nueva forma de colonialismo. Para el Torrijismo, la soberanía nunca fue solo un concepto geográfico —respecto a la Zona del Canal y al Canal—; es, fundamentalmente, la capacidad de un pueblo para decidir su modelo de desarrollo económico, social y cultural.

              2. ¿Qué Hacer? Los Pilares del Nuevo Contrato Social

              Para orientarnos en el siglo XXI, la socialdemocracia y el torrijismo deben servirnos de brújula. El ¿qué hacer? se sintetiza en tres ejes:

              A· Democratizar el conocimiento y la tecnología. Frente al colonialismo tecnocrático, la respuesta es la inclusión digital y la transformación educativa. Necesitamos formar ciudadanos críticos, capaces de dominar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial —no peones digitales subordinados a la lógica y los “ecos” del algoritmo—

              B· El Estado como promotor de la equidad. Siguiendo a John Maynard Keynes, el Estado tiene un papel macroeconómico indispensable como estabilizador y dinamizador. No se trata de un estatismo asfixiante, sino de un Estado social, coordinador, planificador y eficiente que garantice bienes públicos esenciales: salud, educación de excelencia, seguridad y conectividad universal.

              C· Una economía social de mercado sostenible. La riqueza debe tener una función social. Propugnamos un modelo que combine la competitividad —de nuestra posición geopolítica y logística— con la justicia distributiva, en polos de desarrollo internos. La sostenibilidad ambiental y la transición energética (la des- carbonización) deben traducirse en bienestar tangible para las comunidades más vulnerables, cerrando las brechas del «Panamá de los barrios» y el «Panamá del campo», bajo la premisa de “un solo Panamá integrado económica y socialmente”.

              3. ¿Cómo Hacerlo? Flexibilidad en la Estrategia, Firmeza en los Principios

              El filósofo Daniel Innerarity nos recuerda que la política contemporánea es, ante todo, la gestión de la complejidad y el gobierno de la incertidumbre. No funcionan ya las recetas dogmáticas ni los manuales rígidos. El ¿cómo hacerlo? exige una profunda renovación metodológica:

              · Gobernanza compleja y democracia deliberativa: Debemos superar el centralismo burocrático. El torrijismo histórico se caracterizó por el «patrullaje doméstico» —escuchar directamente las necesidades de la gente en el terreno—. Ese principio se traduce hoy en gobernanza abierta y consulta ciudadana, creando poder desde la base, utilizando la tecnología para acercar el partido al ciudadano y romper la burbuja de la partidocracia tradicional.

              · Flexibilidad táctica con raíces firmes: Como los árboles de raíces profundas, debemos tener la flexibilidad para soportar los vientos de la modernidad líquida sin desmoronarnos. La flexibilidad no significa pragmatismo vacío o claudicación; significa audacia para innovar en políticas públicas, diseñar alianzas constructivas y adoptar nuevas herramientas de gestión —manteniendo inalterable el compromiso con la justicia social y la soberanía nacional—.

              · Unidad en el propósito común: El PRD y los torrijistas debemos volver a ser el punto de encuentro de las fuerzas vivas de la nación —trabajadores, profesionales, intelectuales, empresarios con sentido de patria, la juventud, las mujeres, y los movimientos sociales—. La renovación pasa por la formación política continua, recuperando el debate de ideas por encima de los apetitos clientelistas.

              Conclusión: La Revolución Pendiente es Democrática y Cultural

              El torrijismo nunca fue un dogma estático, sino una doctrina en movimiento —un método de aproximación sucesiva a los problemas nacionales—. En un mundo interconectado pero fragmentado, su vigencia radica en su capacidad para ofrecer certidumbre dentro del caos.

              Enfrentar la Cuarta Revolución Industrial no es un asunto meramente técnico; es un desafío político y cultural. No se trata de adaptarnos pasivamente a los cambios que imponen los centros de poder global, sino de construir activamente el Panamá que queremos: un país soberano, socialmente justo, económicamente próspero y culturalmente digno.

              Fieles a nuestro legado —con el oído en el corazón del pueblo y la mirada en el horizonte del porvenir—, los torrijistas tenemos el deber histórico de liderar esta construcción para el siglo XXI. La tarea es compleja, pero la voluntad colectiva de transformación sigue siendo nuestra mayor fortaleza.

              Panamá, mayo de 2026

              www.benjamincolamarco.com