Torrijismo y Socialdemocracia en Tiempos Inciertos: Raíces Firmes frente a la Liquidez del Siglo XXI

Por Benjamín Colamarco Patiño

Vivimos en la era de la incertidumbre. El sociólogo Zygmunt Bauman caracterizó nuestra época como una «sociedad líquida» —un tiempo donde las estructuras sociales, las instituciones y las relaciones humanas ya no mantienen su forma el tiempo suficiente como para solidificarse—. En este entorno fluido, la inmediatez y el individualismo tienden a disolver los lazos de la solidaridad orgánica.

A este fenómeno se suma lo que Jürgen Habermas teorizó como el riesgo de quedar prisioneros del «colonialismo tecnocrático»: esa tendencia a sustituir el debate político por soluciones técnicas y algorítmicas —donde las decisiones se toman en laboratorios de datos o bajo la lógica del mercado, despojando a la sociedad de su dimensión humana y soberana—.

Ante este panorama, cabe hacernos la pregunta que debe guiar la reflexión del Partido Revolucionario Democrático (PRD) y de todos los Torrijistas: ¿Y ahora, en estos tiempos de cambio, ¿qué hacer y cómo hacerlo?

«El desarrollo no es la medición del crecimiento del Producto Interno Bruto, sino el desarrollo integral del ser humano».

— General Omar Torrijos Herrera

1. El Diagnóstico: La Cuarta Revolución Industrial y la Brecha Social

La Cuarta Revolución Industrial avanza a ritmo exponencial. La inteligencia artificial, la automatización y la digitalización ofrecen herramientas extraordinarias, pero —si no se las conduce con criterio social— amenazan con profundizar las asimetrías. Como señala el Nobel Joseph Stiglitz, los mercados por sí solos no tienden a la equidad; sin una regulación fuerte y redistribución progresiva, la riqueza tecnológica se concentra en pocas manos y ensancha la brecha entre hiperconectados y excluidos.

No podemos permitir que la tecnología se convierta en una nueva forma de colonialismo. Para el Torrijismo, la soberanía nunca fue solo un concepto geográfico —respecto a la Zona del Canal y al Canal—; es, fundamentalmente, la capacidad de un pueblo para decidir su modelo de desarrollo económico, social y cultural.

2. ¿Qué Hacer? Los Pilares del Nuevo Contrato Social

Para orientarnos en el siglo XXI, la socialdemocracia y el torrijismo deben servirnos de brújula. El ¿qué hacer? se sintetiza en tres ejes:

A· Democratizar el conocimiento y la tecnología. Frente al colonialismo tecnocrático, la respuesta es la inclusión digital y la transformación educativa. Necesitamos formar ciudadanos críticos, capaces de dominar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial —no peones digitales subordinados a la lógica y los “ecos” del algoritmo—

B· El Estado como promotor de la equidad. Siguiendo a John Maynard Keynes, el Estado tiene un papel macroeconómico indispensable como estabilizador y dinamizador. No se trata de un estatismo asfixiante, sino de un Estado social, coordinador, planificador y eficiente que garantice bienes públicos esenciales: salud, educación de excelencia, seguridad y conectividad universal.

C· Una economía social de mercado sostenible. La riqueza debe tener una función social. Propugnamos un modelo que combine la competitividad —de nuestra posición geopolítica y logística— con la justicia distributiva, en polos de desarrollo internos. La sostenibilidad ambiental y la transición energética (la des- carbonización) deben traducirse en bienestar tangible para las comunidades más vulnerables, cerrando las brechas del «Panamá de los barrios» y el «Panamá del campo», bajo la premisa de “un solo Panamá integrado económica y socialmente”.

3. ¿Cómo Hacerlo? Flexibilidad en la Estrategia, Firmeza en los Principios

El filósofo Daniel Innerarity nos recuerda que la política contemporánea es, ante todo, la gestión de la complejidad y el gobierno de la incertidumbre. No funcionan ya las recetas dogmáticas ni los manuales rígidos. El ¿cómo hacerlo? exige una profunda renovación metodológica:

· Gobernanza abierta y democracia deliberativa: Debemos superar el centralismo burocrático. El torrijismo histórico se caracterizó por el «patrullaje doméstico» —escuchar directamente las necesidades de la gente en el terreno—. Ese principio se traduce hoy en gobernanza abierta y consulta ciudadana, creando poder desde la base, utilizando la tecnología para acercar el partido al ciudadano y romper la burbuja de la partidocracia tradicional.

· Flexibilidad táctica con raíces firmes: Como los árboles de raíces profundas, debemos tener la flexibilidad para soportar los vientos de la modernidad líquida sin desmoronarnos. La flexibilidad no significa pragmatismo vacío o claudicación; significa audacia para innovar en políticas públicas, diseñar alianzas constructivas y adoptar nuevas herramientas de gestión —manteniendo inalterable el compromiso con la justicia social y la soberanía nacional—.

· Unidad en el propósito común: El PRD y los torrijistas debemos volver a ser el punto de encuentro de las fuerzas vivas de la nación —trabajadores, profesionales, intelectuales, empresarios con sentido de patria, la juventud, las mujeres, y los movimientos sociales—. La renovación pasa por la formación política continua, recuperando el debate de ideas por encima de los apetitos clientelistas.

Conclusión: La Revolución Pendiente es Democrática y Cultural

El torrijismo nunca fue un dogma estático, sino una doctrina en movimiento —un método de aproximación sucesiva a los problemas nacionales—. En un mundo interconectado pero fragmentado, su vigencia radica en su capacidad para ofrecer certidumbre dentro del caos.

Enfrentar la Cuarta Revolución Industrial no es un asunto meramente técnico; es un desafío político y cultural. No se trata de adaptarnos pasivamente a los cambios que imponen los centros de poder global, sino de construir activamente el Panamá que queremos: un país soberano, socialmente justo, económicamente próspero y culturalmente digno.

Fieles a nuestro legado —con el oído en el corazón del pueblo y la mirada en el horizonte del porvenir—, los torrijistas tenemos el deber histórico de liderar esta construcción para el siglo XXI. La tarea es compleja, pero la voluntad colectiva de transformación sigue siendo nuestra mayor fortaleza.

Panamá, mayo de 2026

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Torrijismo: Valores y Principios

En primer lugar quiero establecer una distinción conceptual clara entre valores y principios. A continuación,  presento un resumen basado en mi propia vivencia como militante del Torrijismo:

Resumen de Valores y Principios del Torrijismo

Los Valores del Torrijismo

Los valores representan la base ética y moral que guía el comportamiento del Torrijista. Lo describo como el conjunto de virtudes que un militante debe atesorar para actuar con rectitud y lealtad. Estos valores, son la base del comportamiento de vida que extrapolamos al quehacer político.

Los valores fundamentales que quiero destacar son:

· Humanismo: Poner al ser humano y su bienestar como el centro de toda acción política y social .

· Solidaridad: Un valor primordial que actúa como un principio rector para apoyar a los más débiles y construir una sociedad más justa .

· Honradez y Lealtad: Elementos esenciales que son  parte consustancial de un recto sentimiento del deber patrio, necesario para recuperar la esencia del PRD y del movimiento de renovación.

· Paz y Civilización: Valores primordiales que se persiguen para garantizar la estabilidad y la convivencia armónica en la nación y con otros pueblos.

Los Principios del Torrijismo

Por otro lado, los principios son los postulados ideológicos y las directrices políticas que definen el accionar del Torrijismo. Son los pilares conceptuales sobre los que se construye el proyecto nacional.

Estos principios están profundamente inspirados en el ideario de Omar Torrijos y se entrelazan con los postulados de la socialdemocracia .

Los principios que identifico como el conjunto de ideas y propósitos que definen el origen del Torrijismo son :

Principio Fundamental:

Soberanía Nacional y Antimperialismo: La lucha por la recuperación de la plena integridad soberana, ejemplificada por la gesta del Canal y la firma de los Tratados Torrijos – Carter, es el principio más arraigado. Busca la independencia política, económica y cultural, alineándose con la tradición antiimperialista latinoamericana.

Justicia Social y Estado de Bienestar
La búsqueda constante de la conciliación entre la eficiencia económica y la equidad social. Esto implica la modernización o rediseño del aparato público, el mejoramiento de las condiciones laborales y la expansión de políticas sociales que amplíen las oportunidades para todos, especialmente los más vulnerables.

Libertad e Igualdad Junto con la solidaridad, los considero principios interdependientes. Los entiendo como requisitos previos para alcanzar la justicia social y la democracia plena.

Democracia Participativa y Organización Comunitaria
La convicción de que la organización política y social debe surgir desde las bases (las comunidades organizadas, los corregimientos) hacia las instituciones centrales. Impulsa el cooperativismo y el desarrollo de las comunidades como parte del nuevo diseño institucional.

Pluralismo e Integración Latinoamericana
El respeto por la diversidad de pensamientos dentro de un mismo movimiento, buscando equilibrar el nacionalismo con la integración regional, siguiendo la visión de una América unida en su diversidad .

En resumen, para mí, los valores (como la honradez, la solidaridad, la lealtad y el humanismo) son la brújula moral que define cómo ser Torrijista, mientras que los principios (como la soberanía, la justicia social y la libertad) son el mapa ideológico que define hacia dónde y por qué se debe caminar.

Benjamín Colamarco Patiño
Módulo I: Torrijismo
Escuela Torrijista de Formación Política y Gobierno

Panamá, 20 de marzo de 2026

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La Socialdemocracia como Fundamento Ideológico para una Praxis Transformadora

Por Benjamín Colamarco Patiño

En un contexto donde la política parece reducida a un pragmatismo vacío, debilitada por una baja cultura política, sometida a las lógicas del cortoplacismo y el individualismo posmoderno (esa «sociedad líquida» que describió Sigmund Bauman), o al «colonialismo tecnocrático» del que teorizó Habermas, se hace más urgente que nunca reivindicar el rol de la ideología como sustento de toda acción política transformadora. No puede haber una buena praxis sin una teoría sólida que la guíe; pretender intervenir la realidad sin un marco filosófico claro conduce al oportunismo, al fracaso programático y, en última instancia, a la pérdida de sentido de la lucha política democrática. 

El Sustento Teórico de la Socialdemocracia: Bernstein, Kautsky, Crosland y Habermas

La socialdemocracia, como corriente ideológica, no es un simple conjunto de políticas públicas, sino una visión del mundo arraigada en principios éticos y teóricos bien definidos. Para fortalecer nuestras raíces y reafirmar nuestro compromiso con el bien común, la justicia social y la equidad, debemos recurrir a sus grandes pensadores: 

1. Eduard Bernstein y el Revisionismo Democrático 
   Bernstein, en su obra «Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia» (1899), desafió el determinismo revolucionario marxista, argumentando que el socialismo no debía imponerse por la fuerza, sino construirse mediante reformas graduales dentro de la democracia. Su frase «el movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada» subraya la importancia del proceso político constante, donde cada avance en derechos laborales, educación pública, oportunidades y redistribución de la riqueza es un paso hacia una sociedad más justa. 

   – Lección para hoy: La política no puede reducirse a consignas vacías; debe ser un proyecto de construcción permanente, donde la lucha por reformas concretas (fiscales, educativas, sanitarias, productivas; democracia social, democracia política, democracia económica) sea el camino hacia la justicia social, el bienestar y el desarrollo.

2. Karl Kautsky y la Defensa de la Democracia como Método
  Kautsky, aunque inicialmente cercano al marxismo ortodoxo, terminó defendiendo la vía democrática al socialismo, enfrentándose tanto al  conservadurismo como al autoritarismo bolchevique leninista. En «La dictadura del proletariado» (1918), criticó la idea de una revolución violenta, insistiendo en que, sin democracia, no hay socialdemocracia posible. 

   – Lección para hoy: Renunciar a los métodos autoritarios y abrazar el pluralismo institucional es esencial. El Torrijismo debe ser radical en sus fines (equidad, justicia, soberanía), pero democrático en sus medios

3. Anthony Crosland y la Socialdemocracia Keynesiana
   En «El futuro del socialismo democrático» (1956), Crosland argumentó que el socialismo del siglo XX no debía centrarse en la estatización de la economía, sino en la redistribución de la riqueza a través de impuestos progresivos, educación universal y pleno empleo. Su enfoque influyó en el laborismo británico y en la construcción del Estado de bienestar

  – Lección para hoy: La justicia social no se logra solo con discursos, sino con políticas económicas audaces (fiscalidad justa, inversión en salud y educación; crecimiento económico con equidad) que reduzcan las desigualdades estructurales. 

4. Jürgen Habermas y la Democracia Deliberativa
Habermas, el último gran teórico de la socialdemocracia, aportó una base filosófica renovada con su teoría de la acción comunicativa y la democracia deliberativa. Para él, la legitimidad política no surge solo de las urnas, sino también de espacios públicos donde la ciudadanía participe organizadamente en la construcción de consensos racionales (deliberación). 

   – Lección para hoy: La política no puede ser un monopolio de las elites; debe fomentar mecanismos de participación ciudadana y deliberación que fortalezcan la ética del discurso público. 

Recuperar el Ideario Torrijista y la Ética Socialdemócrata

En el PRD, nuestra brújula debe ser el ideario Torrijista, que supo combinar soberanía nacional, justicia social, desarrollo inclusivo y organización de las comunidades. Pero también debemos enriquecerlo con los postulados de la Socialdemocracia, que nos enseñan que: 

Sin teoría, no hay estrategia (y sin estrategia, solo hay improvisación. El que planifica gobierna, el que no, es gobernado). 
Sin ética, no hay política (solo clientelismo y corrupción). 
Sin disciplina y decoro, no hay credibilidad (la «sociedad líquida» nos exige coherencia y nuevos referentes). 

Conclusión: Hacia una Política con Raíces y Proyección 

La crisis actual de la política no es solo de liderazgos, sino de falta de fundamentos ideológicos, de principios éticos, e ideas coherentes. Recuperar las enseñanzas de Bernstein, Kautsky, Crosland, Habermas y de Omar Torrijos, nos permite rearmar un proyecto con solidez teórica y capacidad transformadora para la complejidad de hoy. 

Como militantes, debemos repensar nuestras prácticas, rechazar el inmediatismo y reconstruir un compromiso inquebrantable con el bien común. Solo así honraremos el legado Torrijista y haremos de Panamá un país más justo, solidario y equitativo, en una Patria soberana

Benjamín Colamarco Patiño

Panamá, junio de 2025

                                                                www.benjamincolamarco.com